lunes, 14 de agosto de 2017

Prisionero con privilegios

Lección: Hechos 28:24-31
Texto: Romanos 11:25
Domingo 13 de Agosto 2017
INTRODUCCIÓN: 
En esta última lección de los Hechos de los Apóstoles, veremos a Pablo testificando a los judíos de Roma, acerca de la salvación, como también el repudio a aquellos que rechazan el evangelio, y sentencia que predicará a los gentiles, pues ellos sí que le oirán. Está detenido, pero, la apalabra de Dios no está presa.
DESARROLLO: 
Pablo, está detenido en una casa de alquiler con ciertos privilegios (pues recibía libremente a los que venían a él v. 30). Y un día señalado (v. 23), vinieron muchos (judíos) a visitarle donde se encontraba, y éste testificando y persuadiendo por las Escrituras les exponía que Jesús era el Mesías y rey que la nación esperaba. “Y algunos asentían a lo que se decía, pero otros no creían (v. 24); Podía esperarse que la argumentación de los Escritos Sagrados produjese el efecto deseado en la concurrencia. En parte se logró, pero, otros como ocurrió tantas veces en sus viajes, se niegan a creer. Estos indecisos se ponen a discutir y “como no estuviesen de acuerdo entre sí” (v. 25), cabe mencionar aquí que siempre la palabra de la cruz trae división (por la dureza del corazón del hombre). Al ver tal desacuerdo, Pablo recurre a una cita de Isaías, así como había presentado a Jesús como el Mesías, por las Escrituras, del mismo modo, recurre a uno de los profetas para descubrir lo duro de cerviz que muchos eran. Les repite lo dicho por Isaías; “Ve a este pueblo, y diles: de oído oiréis, y no entenderéis; y viendo veréis, y no percibiréis; Porque el corazón de este pueblo se ha engrosado, y con los oídos oyeron pesadamente, y sus ojos han cerrado, para que no vean con los ojos, y oigan con los oídos, y entiendan de corazón, y se conviertan, y yo los sane” (v. 26-27) Esta es una repetición de Isaías 6:9-10 (otras cinco veces la encontramos o textual o una parte de ella en, Isaías 43:8; Mateo 13:14- 15; Marcos 4:12; Lucas 8:10; Juan 12:40).
Es un mensaje fuerte, de reprobación, contra un pueblo duro de cerviz y resistente al Espíritu Santo, como en los días de Esteban (7:51). Sin embargo, por lo que vemos en Isaías 6:13, como también en Romanos 11:25-27, tal reprobación no es definitiva, sino por un tiempo hasta que se cumpla el tiempo de los gentiles.
En vista del rechazo de los judíos Pablo anuncia que iba a llevar el evangelio a los gentiles “y ellos oirán” (v. 28) (Ver Hechos 13:46; 18:6; 19:9; 22:21; 26:20; compárese con Mateo 21:41-43).
Los judíos se retiraron discutiendo entre ellos, “Y Pablo permaneció dos años enteros en una casa de alquilada” (v. 30). En ese tiempo escribió lo que se conoce como “las epístolas de la prisión” o “cartas de la cautividad” que son Efesios, Filipenses y Colosenses, asimismo la carta personal a Filemón. “Y recibía a todos los que a él venían”. Entre otros, estuvieron con él, Epafrodito (Filipenses 2:25); Timoteo (Filipenses 1:1; Colosenses 1:1; Filemón 1:1); Onésimo (Colosenses 4:9); Marcos (Colosenses 4:10); Lucas (Filemón 1:24); Tíquico (Efesios 6:21); Aristarco (Colosenses 4:10).
Concluye el Libro de los Hechos de los Apóstoles con el versículo 31 de este capítulo 28 “Predicando el reino de Dios y enseñando acerca del Señor Jesucristo, abiertamente y sin impedimento”.
Cuando Pablo estuvo anunciando el evangelio en sus tres viajes, él fue estorbado muchas veces, en muchos lugares, pero aquí en Roma no fue así, aunque era prisionero predicaba en presencia de los soldados “abiertamente y sin impedimentos”; por lo que vemos en lo escrito a Filemón “Te ruego por mi hijo Onésimo a quien engendre en mis prisiones” (v. 10) o, a los Filipenses “Mis prisiones se ha hecho patentes en Cristo en todo el pretorio y a todos los demás” (1:13), o, al término de esta epístola (Filipenses) “Todos los santos os saludan y especialmente los de la casa de Cesar” (4:22).
Lucas termina abruptamente este libro y no dice nada acerca de Pablo en cuanto a su libertad, o condenación. Hay quienes piensan que ese no era el propósito del escritor; pues al comenzar su relato nos dio un plan de Hechos cuando al exponer que Jesús les dice a sus seguidores “Recibiréis poder, cuando haya venido sobre vosotros el Espíritu Santo, y me seréis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria, y hasta lo último de la tierra” (Hechos 1:8). La historia ha terminado. Comenzó en Jerusalén casi 30 años atrás y ha finalizado en la capital del mundo de esos años, Roma. Por lo que el evangelio ha alcanzado el centro del mundo y se puede proclamar libremente hacia todo el mundo gentil, por lo que la tarea de Lucas se da por terminada.
CONCLUSION: 

Una gran parte de los judíos, endurecieron sus corazones para creer que Jesús era el Mesías prometido a través de las diferentes profecías del Antiguo Testamento, como dijo el profeta Isaías “Sus ojos han cerrado para que no vean y oigan con sus oídos”, sino que también, distorsionando lo escrito, esperaban un libertador político militar que derrocaría al invasor romano y restauraría el reino a un descendiente de David. Su endurecimiento ha permitido que nosotros, el pueblo gentil, ajenos a estas verdades, pudiésemos entrar a esta salvación tan preciada, y una vez que entre la plenitud de los gentiles, Israel será salvo (Romanos 11:25-26).
Aunque el libro de los Hechos nos presenta lo que el Espíritu Santo ha realizado, extendiendo el evangelio de Jerusalén hacia el mundo gentil, no podemos dejar de comentar algo que a una gran mayoría llamaría la atención, respecto al apóstol Pablo; Lo que la tradición dice es que liberaron a Pablo después de los dos años de arresto domiciliario en Roma (año 62 o 63 d.C.), y emprende un cuarto viaje pasando por Colosas y Efeso (Filemón 1:22); Macedonia (1 Timoteo 1:3; Filipenses 1:25; 2:24); Efeso (1 Timoteo 3:14); España (Romanos 15:24); Creta (Tito 1:5); Corinto (2 Timoteo 4:20); Mileto 2 Timoteo 4:20) Nicópolis (Tito 3:12). No se sabe dónde fue arrestado, entre el año 63 y 66 d.C. escribe 1 Timoteo y Tito, el año 67 d.C. 2 Timoteo. Muere decapitado según se cree el año 67 o 68 d.C.

lunes, 7 de agosto de 2017

Llegando y testificando en Roma

Lección: Hechos 28:11-23
Texto: Hechos 23:11
Domingo 06 de Agosto 2017
INTRODUCCION: 
El Señor le había dicho a Pablo lo siguiente: “Ten ánimo, Pablo como has testificado de mí en Jerusalén, así es necesario que testifiques también en Roma”. Dios le había guardado en medio de un gran temporal, permaneciendo varios días en la isla donde se salvaron, ahora va a iniciar el camino definitivo a Roma donde el Señor le necesita.
DESARROLLO:
 Han pasado tres meses desde que Pablo y sus compañeros de naufragio se encuentran en Malta, (a fines de Febrero o comienzos de Marzo año 60 de nuestra era), por lo que los momentos para la navegación son óptimos. Una nave alejandrina (otra de las tantas que integran la flota imperial que surcaba el Mediterráneo), está lista para zarpar después de haber invernado en la isla. Los naturales antes del zarpe, en gratitud a las sanidades realizadas por el Señor a través de Pablo, les cargaron con todo lo necesario para el viaje.
La enseña de la nave era Castor y Pólux, los hijos gemelos de Júpiter (gr. Zeus padre de los dioses), que según la mitología griega protegían a los marineros. Una vez que abandonaron la isla se dirigieron a Siracusa (a 130 kilómetros de distancia de Malta) donde estuvieron tres días (v. 12). En ese tiempo, esa ciudad y puerto, era la capital de la isla de Sicilia. Después de tres días de viaje arribaron a Regio, un muelle en el extremo sur de la parte continental de Italia (en la punta de la bota). Se detuvieron un día allí, cuando llegaron mejores vientos, navegando entre los estrechos de Mesina que separan a Sicilia de la región continental, arribaron a Puteoli (a 290 kilómetros de Regio) el principal puerto de Roma y el más importante de Italia, así como el más usado por la flota que transportaba el grano egipcio. Este puerto, está ubicado en la bahía de Nápoles y cerca de Pompeya, hoy se le conoce como Pozziolli. Aquí, luego de tener un tiempo de comunión por siete días “fuimos a Roma” (v. 14). No se nos dice como supieron los hermanos de que Pablo iba camino a Roma, sin embargo, dos grupos encontró el apóstol de hermanos cristianos, con quien pudo compartir, el segundo grupo, emprendió viaje desde la capital para recibirle; el primero viajo cerca de 66 kilómetros hasta el Foro (mercado) de Apio, poblado mercantil sobre la vía de Apio y el segundo grupo camino cerca de 49 kilómetros hasta “Las Tres Tabernas”, estación de descanso y alimentación sobre esta vía.
Lejos de avergonzarse, el apóstol se sintió muy animado y fortalecido por estas demostraciones de amor de aquellos hermanos (Pablo ya había escrito la epístola a Los Romanos en la primavera del año 56 o 57 d.C.)
“Cuando llegamos a Roma, el centurión entregó los presos al prefecto militar…”. Julio, el centurión a cargo, entregó los prisioneros a su superior (comandante o comandante de la guardia pretoriana), “pero a Pablo se le permitió vivir aparte”, él pagaba su propio alquiler (v. 30) bajo arresto domiciliario, tenía cadenas y estaba custodiado por un soldado (v 16; Filipenses 1:12-13).
Desde el versículo 17 en adelante Lucas nos presenta la sexta y última defensa de Pablo registrada en Los Hechos (Ver las anteriores en 22:1-21; 22:30 - 23:10; 24:10-21; 25:1-22 y 26:1-29).
“Aconteció que tres días después, Pablo convoco a los principales de los judíos” (Debido a que estaba preso no podía asistir a la sinagoga por eso los invita a su casa de alquiler donde estaba detenido) Aunque los judíos fueron expulsados de la capital por Claudio, ellos gozaban del pleno beneficio de tolerancia que distinguió al primer periodo del reinado de Nerón (quién reinó entre los años 54 al 68 d.C.) , y estaban establecidos en un número considerable con riquezas e influencia en Roma. Una vez reunidos, les explicó que aunque, “no había hecho nada contra el pueblo ni contra las costumbres de nuestros padres” (22:3; 24:14 y 26:4-5), pero igual fue entregado preso desde Jerusalén en manos de los romanos. Pablo no da detalles de cómo había sido entregado, los judíos no querían entregarle, más bien querían matarle. Él estuvo en manos de los romanos porque Claudio Lisias lo rescató cuando los judíos trataban de darle muerte (21:31-33; 22:27-30).
“Los cuales habiéndome examinado” (Félix, Festo, Agripa, 24: 8-27; 25:6; 26:31-32), “me querían soltar” (Festo y Agripa), “por no haber en mi ninguna causa de muerte”. Ningún magistrado romano de Judea le había condenado (compárese con 13:28). “Pero oponiéndose los judíos me vi obligado a apelar a Cesar (25:8-11). Pablo, se vio forzado, obligado a apelar a la máxima autoridad romana, pues era la única salida, sino sería entregado al Concilio y sometido al ataque de aquellos que querían verle muerto. “No porque tenga de que acusar a mi nación”, pudo haberlo hecho como ciudadano romano pero no lo hizo, pues también es judío y amaba a su nación.
“Así que por esta causa os he llamado para veros y hablaros” (v. 20), quería explicarles porque había sido aprendido, pues se suponía que ellos sabían algunas acusaciones contra él y quería refutarlas. “porque por la esperanza de Israel estoy sujeto con esta cadena”, por haber creído en la promesa del Mesías y su reino, como también en la resurrección de los muertos, promesa que comenzó a cumplirse en Cristo Jesús (13:32-33; 23:6; 24:15; 26:6-8).
Los principales de los judíos le dijeron: “Nosotros ni hemos recibido de Judea cartas acerca de ti” y ninguno de sus compatriotas judíos había traído informes acerca de él, sin embargo, dijeron “querríamos oír de ti lo que piensas”, porque sabían que la fe cristiana con la cual estaba asociado “en todas partes se habla contra ella”. Pablo y los judíos fijaron un día, donde vinieron muchos donde se hospedaba, y de la mañana hasta la tarde les persuadía por medio de La ley de Moisés y los profetas que Jesús era el Mesías tal como lo hizo el Maestro con los que iban a Emaús (Lucas 24:27).
CONCLUSION: 
Pablo, quería predicar en Roma y compartir con aquellos que tenían una común fe (Romanos 1:9-12). Les había escrito una carta sin conocerlos, ahora llega a la ciudad, después de sufrir injusticia, presidio, naufragio, pero Dios le ha concedido lo que él le habló de que era necesario testificar también en Roma. Como vemos, “todas las cosas le ayudaron a bien”. El caminar del verdadero creyente va acompañado de diversas vicisitudes, pero, al final, alcanzará los propósitos por el cual el Señor le llamó.

lunes, 31 de julio de 2017

Milagros en la isla de Malta

Lección: Hechos 28:1-10
Texto: Marcos 16:17-18
Domingo 30 de Julio 2017
INTRODUCCION:
 “Y sabemos que a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien, esto es a los que conforme a su propósito son llamados” (Romanos 8:28), que verdad más cierta, y como hemos visto hasta este momento, todo lo que le ocurre a Pablo, redunda en bendiciones para otros; en la presente lección veremos que el naufragio no fue en vano, la mordedura de la serpiente tampoco, pues Dios le engrandece y le permite por medio de su poder, sanar al padre del hombre más importante de la isla y todos los enfermos que allí habían.
DESARROLLO: 
La nave que trasportaba a Pablo rumbo a Roma para ser enjuiciado allí, ha naufragado en medio de un gran temporal. La tripulación, los soldados y los prisioneros se han salvado; unos nadando, otros tomados de algún madero o algo que flotase, llegando hasta la orilla de una isla, porque Dios así lo quiso (27:24), “Estando ya a salvo supimos que la isla se llamaba Malta” (28:1). (Se conocía como (gr) Melita o Melitene o por su gran producción de miel de abejas, era parte de un pequeño archipiélago de varias islas siendo tres de ellas las más importantes y habitables, Malta, Gozo y Comino), Malta tiene unos veintisiete kilómetros de largo por catorce de ancho y está a unos cien Kilómetros al sur de Sicilia.
“Los naturales nos trataron con no poca (mucha) humanidad” (v. 2). Los griegos llamaban a los naturales de Malta (barbaros), es decir no griegos. Así les llamaban a los que no seguían las costumbres (y la lengua) de Grecia o de Roma. Tal fue la delicadeza de los habitantes de la isla que les recibieron con una fogata, sin hacer distinción entre soldados tripulantes o prisioneros, pues dice “nos recibieron a todos” bajo la lluvia y el frio de esta manera se calentaron y secaron sus ropas.
Tan acostumbrado Pablo a ayudar a los demás, se puso a recoger algunas ramas secas para avivar el fuego y “una víbora (una serpiente venenosa), huyendo del calor se le prendió en la mano” (v. 3), quizás adormecida por el frio y la lluvia, sintió el calor se reanimo y viéndose atacada incrusto sus colmillos en la mano del apóstol. Muchos escritores hacen ver que no hay víboras en Malta hoy en día, sin embargo, como es una isla pequeña sus habitantes pudieron exterminarlas con el tiempo. Cuando los nativos vieron que el ofidio mordía y colgaba de su mano dedujeron precipitadamente que este debía ser un asesino y aunque escapara ileso del mar, la justicia no lo dejaría vivir. Al hablar así, es posible que tuvieran en mente a su diosa pagana de la Justicia (Dike o Themis). “Pero el sacudiendo la víbora en el fuego ningún daño padeció” (v. 5). (Recordemos lo escrito en Marcos 16:18).
Tal presencia de ánimo, así como la liberación de todo daño se debieron a la gracia de Dios, no solo para preservar la vida de su siervo, sino también para darle prestigio entre los isleños. La gente del lugar había visto otras personas mordidas por aquella misma clase de víboras, así que esperaban que Pablo se hinchase y cayere muerto de repente. “Más habiendo esperado mucho y viendo que ningún mal le venía cambiaron de perecer y dijeron que era un dios” (v. 6). Sin duda, lo dijeron entre ellos los naturales, pues si hubiese llegado a oídos de Pablo, habría tenido la misma reacción que tuvo en Listra (Hechos 14:8-18). De “homicida” a “un dios”, y en Listra de ofrecer sacrificios a “estos dioses” a ser “apedreados”, en estos sucesos queda al descubierto lo voluble del género humano tanto en “barbaros”, como en “civilizados”.
En los versos siguientes encontramos la generosidad del principal de la isla y las señales que acompañaban a Pablo. Quien les recibió llegados del naufragio, fue Publio, por la frase griega “hombre principal de la isla”, indicaría que era el gobernador romano de Malta, quien poseía muchas tierras cerca de la playa, adonde habían llegado los náufragos. No solo era rico en bienes sino también en generosidad, pues, dice Lucas “nos recibió y hospedo solícitamente tres días” (v. 7), mientras ubicaban lugar permanente para pasar el invierno (estuvieron tres meses). La bondad de este hombre no quedo sin recompensa, pues cuando el apóstol supo de la condición de su padre “estaba en cama enfermo de fiebre y de disentería” (se comprobó con los años que la fiebre gástrica era causada por un microbio que se hallaba en la leche de cabra y era muy común en la isla. La disentería casi siempre venia como resultado de una mala higiene y era una enfermedad presente casi en todo el mundo antiguo). Pablo, entró y oró por el enfermo imponiéndole las manos, le sanó. Así como Jesús recompensó a Pedro por el uso de la barca (Lucas 5:3-4), del mismo modo, Pablo recompensó a Publio ricamente por su hospitalidad. Vemos aquí el cumplimiento de dos cosas profetizadas por el Señor en Marcos 16:18 las “serpientes… no les hará daño” y “sobre los enfermos pondrán sus manos y sanaran”.
CONCLUSION: 

Pablo era un prisionero y un náufrago que llego con el resto de aquellos que estaban en la misma condición. Sin embargo, cuando vio necesidades estuvo dispuesto siempre para ser un instrumento de bendición para otros, poniéndose al servicio de su Señor, de tal manera que, no solo impuso las manos sobre el padre de Publio, quien fue sano de la fiebre y la disentería, sino que todos los de la isla que estaban enfermos venían y eran sanados (v. 9), esto ocurrió durante los tres meses que estuvieron allí. Donde quiera que nos encontremos no perdemos la condición de hijos de Dios, ni de “siervos” del Señor; así que, manos a la obra que trabajo hay para todos sus servidores.

viernes, 21 de julio de 2017

El naufragio

Lección: Hechos 27:39-44
Texto: 2 Corintios 1:9-10
Domingo 23 de Julio 2017
INTRODUCCION: 
La fe en Dios y el testimonio de los creyentes son muy importantes, pues traen consecuencias acorde a lo que los demás ven en nosotros. Julio el centurión que tenía a cargo los prisioneros que iban a Roma (Hechos 27:1), había observado la conducta y el carácter de Pablo, también su fe, y como éste había animado a los hombres en medio del temporal. Ahora están a punto de encallar y los soldados acordarían dar muerte a los prisioneros. Pablo había sido de una ayuda tremenda en ciertas decisiones tomadas en la nave; por su fe, testimonio y conducta, Julio en la presente lección decidirá soltar a los presos para salvar a Pablo.
DESARROLLO: 
El navío donde va Pablo rumbo a Roma ha sido arrastrado en medio del mar Adriático por un viento huracanado llamado Euroclidón, han pasado catorce días desde que zarparon de la isla de Creta, buscando un mejor refugio dentro de la misma, más alcanzado por este mal tiempo, están a punto de encallar. Después de haber hecho muchas maniobras para salvar la embarcación, como alijar, también arrojar los aparejos y por último, después de comer, dejando atrás el ayuno obligado, se ven en la necesidad de deshacerse del trigo arrojándolo al mar para alivianar la embarcación. Saben que están cerca de la costa por las sondas arrojadas anteriormente, solo esperan la mañana para ver si reconocen el lugar. Cuando esta llega ven una ensenada (entrada de mar en la tierra que sirve de refugio natural para las embarcaciones, es decir una bahía protegida) que tenía playa, pero no le es familiar el lugar, pero acuerdan varar allí la nave si se pudiese (v. 39). No sabían si los habitantes del lugar serian civilizados o barbaros, pero era tanto su deseo de llegar a tierra firme que eso ya no importaba.
“Cortando, pues, las anclas” (v. 40) del timón, las naves antiguas eran dirigidas por dos timones, uno de cada lado de la popa. Cuando se anclaba la popa en un temporal, era necesario levantar los timones del agua y asegurarlos debidamente y desatar las ataduras cuando se echaba de nuevo a la vela. Y viento en popa, “izaron la vela de proa” (vela trinquete) la vela de mayor provecho en tales circunstancias y cuán necesaria debió ser la tripulación para hacer estas maniobras y cuan atinada la decisión del centurión y los soldados a las advertencias de Pablo de que los marineros permaneciesen a bordo para la seguridad de todos (v. 31), y se lanzaron hacia la playa, aprovechando lo ligero que quedo el navío sin el cargamento de grano.
“Pero dando en un lugar de dos aguas” (un bajío; elevación del fondo marino generalmente de arena), allí encalló (se encajó en el fondo y quedo inmóvil) y la proa hincada, mientras la popa se deshacía al embate del oleaje. (v. 41). El buque que había capeado la tempestad en alta mar se rendía al llegar a tierra. Así también, un alma puede con la gracia de Dios resistir las más fuertes tentaciones de Satanás, pero, si su corazón se apega al mundo está perdida.
En este critico momento, “los soldados acordaron matar a los presos, para que ninguno se fugase nadando” (v. 42), sabían que el escape de sus prisioneros significaba castigo de muerte para ellos (véase Hechos 12:19; 16:25-28). Sin duda alguna, el preso Pablo (por el cual Dios los estaba salvando), también moriría. Es obvio que el centurión quedó muy impresionado con el carácter y conducta del apóstol, lo que determino el querer salvarle; “pero el centurión queriendo salvar a Pablo les impidió este intento” (v. 43). Los valientes entienden y saben apreciar la valentía de otros, “y mando que los que pudiesen nadar se echasen los primeros y saliesen a tierra”. Sin duda, los soldados siendo hombres disciplinados y entrenados para los peligros como estos, llegarían primero para vigilar a los prisioneros, los demás les siguieron unos en tablas (tomadas del barco) y otros en cualquier cosa que pudiese flotar. De esta forma todos llegaron sanos y salvos a tierra, sin embargo, como Pablo les advirtió, la embarcación se perdió por completo.
CONCLUSION:

Que importante cuando en medio de un peligro inminente se encuentran hijos de Dios, pues la bendición va con ellos y como resultado, los que están alrededor de estos también son beneficiados.
Mardoqueo es un judío justo ante los ojos de Dios que vive cautivo en medio del imperio persa, este cuando ve un complot contra el rey Asuero (Jerjes l) lo denunció a través de la reina Ester, su parienta, librando al rey. Sin embargo, cuando los judíos estuvieron en peligro de muerte (incluyendo a Mardoqueo) por causa de un enemigo poderoso que odiaba a los judíos, Dios se acordó de su fidelidad y nobleza librando a su pueblo y trayendo la paz en medio de ellos.

miércoles, 12 de julio de 2017

Animo en medio de la tormenta

Lección: Hechos 27:27-38
Texto: Lucas 12:7
Domingo 16 de Julio 2017
INTRODUCCION:
 Para los fieles son las promesas, y aunque a veces flaqueamos en nuestra fe, Dios interviene en favor de los suyos, para darnos ánimo, fortalecernos y hacernos ver que su llamamiento tiene propósitos. “Y sabemos que a los que aman a Dios todas las cosas les ayudan a bien, esto es a los que conforme a su propósito son llamados” (Romanos 8:28). En la lección anterior, vimos como Dios interviene en medio del naufragio para animar a Pablo, y en la presente lección, veremos como el apóstol ánima a los demás a comer y tener nuevas fuerzas para soportar los embates de la tormenta, pues Dios preservaría la vida de las 276 personas que van a bordo de la embarcación.
DESARROLLO:
 Recordemos que Pablo va como prisionero junto con otros, camino a Roma, por haber apelado a Cesar (usando su privilegio de ciudadano romano) ante las acusaciones de los judíos. La nave que ha abordado se encuentra en alta mar sacudida por una fuerte tempestad y vientos huracanados. En medio de los temores y pérdidas de vidas Dios ha enviado su ángel trayendo buenas noticias que ninguno de los que van en el navío perecerá, pero si la nave con todo su cargamento. Se encuentran en la decimocuarta noche en las mismas condiciones y ahora “siendo llevados a través del mar Adriático” (v. 27) (se denomina así a una parte del mar mediterráneo central entre Italia, Creta y la costa norte de África). Los marineros sospechando que estaban cerca de tierra, (quizás oían las olas rompiendo cerca de la costa) echaron la sonda (una pesa atada a una soga con la cual median la profundidad del mar), primero veinte brazas y luego más adelante quince (una braza es aproximadamente 1.83 metros). Sus sospechas eran ciertas y temiendo dar en escollos trataron de asegurar la nave echando cuatro anclas por la popa, esperando con ansias que llegase el día (v. 29). Las buenas noticias inquietaron a los marineros que procurando huir del navío arrojaron el esquife al mar aparentando largar las anclas de proa. Como Pablo anteriormente les había hablado de su encuentro con el ángel de Dios, ahora era escuchado y cual capitán les advierte, al centurión y los soldados lo peligroso que para sus vidas sería dejar cumplir las intenciones de aquellos que querían huir, lo que determino cortar y dejar perderse el bote salvavidas (esquife). De esta manera, los marineros fueron obligados a tratar de salvar sus vidas arriba de la nave, así como las vida de los demás. Cuando comenzó a amanecer Pablo reuniéndolos “les exhortaba a todos que comiesen” pues llevaban dos semanas en ayunas y en vela (v. 33), como resultado del mareo y la dificultad de preparar y preservar alimentos, los pasajeros y la tripulación habían comido poco o nada en los catorce días desde la salida de Buenos Puertos.
Les insiste y ruega que coman “por su salud” y les agrega, “pues ni aun un cabello de la cabeza de ninguno de vosotros perecerá” (v. 34), (un dicho judío común 1 Samuel 14:45; 2 Samuel 14:11; 1 Reyes 1:52; Lucas 21:18, que aludía a un concepto de protección absoluta), luego “ tomo el pan y dio gracias a Dios en presencia de todos, y partiéndolo empezó a comer” (v. 35). Cuántas veces hemos visto que hay quienes se incomodan al pedir “la bendición” delante de los inconversos, pero a menudo una oración así habla más fuerte que nuestra predicación, esta actitud de Pablo animó a los demás, de tal manera “que comieron también” (v. 36). Lucas nos dice a continuación el número de personas que iban en la nave; doscientos setenta y seis. (v. 37)
Aunque parte de la carga ya había sido abandonada (v. 18), parecería que el grano había sido conservado como lastre. Ahora que el objetivo era llevar la nave a la costa, cuanto más ligera fuera en el agua, tanto mejor. La decisión de echar el grano por la borda puede haber sido lo que ocasiono el llamado de Pablo a que la gente comiera primero.
CONCLUSION:

 Pablo, se ganó el respeto de la tripulación del barco, pues cuando salieron de Buenos Puertos, é les advirtió lo peligroso que podía ser salir de ese lugar. Desde luego no fue oído, pero al vivir la experiencia tormentosa, tardíamente le han dado la razón. Ahora prestan atención debido a la seguridad y buen ánimo que ven en el siervo del Señor, y cual capitán, toma la iniciativa, aconsejando que se tomen ciertas medidas, como que coman para enfrentar lo que viene, sabiendo de antemano que ninguno de los que van en la embarcación perecería, pues el ángel de Dios así se lo había dicho (v. 22-24).