miércoles, 17 de julio de 2019

Abriendo y cerrando puertas

Lección: 1° Corintios 16: 5-12
Texto: Colosenses 4:3
Introducción: Cristo Jesús a través del Espíritu Santo es “El que abre y ninguno cierra, y cierra y ninguno abre” (Apocalipsis 3:7b). La admisión al reino y la oportunidad para extender la obra cristiana misionera depende de él y de los hombres que se presten como instrumentos al servicio de su obra. En Éfeso Dios había abierto una puerta para la predicación del evangelio, lo que llevo a Pablo a postergar por un tiempo la visita a Corinto, sin embargo le abrió la puerta para que Timoteo fuese en su lugar.
Desarrollo: En los planes futuros que tiene Pablo está la de pasar por Macedonia; recordemos que el apóstol esta en Éfeso (desde donde escribe esta epístola, es su tercer viaje misionero), y él en su espíritu se propuso ir a Jerusalén después de recorrer Macedonia y Acaya (ver Hechos 19:21).
Por eso les dice “Iré a vosotros cuando haya pasado por Macedonia” y de allí al sur, a Corinto, y les añade “Podrá ser que me quede con vosotros, o aun pase el invierno” (v.6a). Él había trabajado en Corinto y a pesar de la oposición de algunos, la mayoría le estimaba y él les amaba profundamente. No quería estar de paso (v.7), anhelaba quedarse con ellos un tiempo prudente, “si el Señor lo permite”. No tenía una ruta fija, dependía del Señor; nuestros pensamientos no son los pensamientos de Dios, Tenia también la intención una vez que llegase, compartir unos días y confortarse mutuamente, estrechando lazos (tratando de unir las facciones que habían entre ellos).
¿Cuál era la razón para no tener una fecha fija para estar con ellos? Se había “abierto una puerta grande y eficaz” (v.9). Fue tal el respaldo de Dios en Éfeso que Pablo tuvo que quedarse 2 años, de tal manera que todos los que habitaban en Asia, judíos y gentiles oyeron la palabra de Jesús, de tal manera que aún se llevaban los paños o delantales de su cuerpo, y las enfermedades se iban de ellos, y los espíritus malos salían, y muchos de los que habían creído venían confesando sus hechos, y los que practicaban la magia trajeron sus libros y los quemaron delante de todos. Así crecía y prevalecía poderosamente la palabra del Señor (Hechos 19:10, 12, 19-20). Pero, también hubo mucha oposición “y muchos son los adversarios” (v.9b) ¿Quiénes? Los judíos de la sinagoga, (Hechos 19: 10); Demetrio y los artífice de los templecillos de la diosa Diana, al ver perdidas sus ganancias (Hechos 19:23 al 41), y otra situación donde estuvo en peligro de muerte (2 Corintios 1:8-10).
Sabia Pablo, auxiliarse y apoyarse en ciertos colaboradores, para contribuir con el avance del evangelio. Como estaba ocupado en Éfeso decidió enviar a uno de ellos. “Y si llega Timoteo, mirad que esté con vosotros con tranquilidad” (v.10a), es decir, sin intimidación ni frustraciones por parte de los creyentes de Corinto, pues es enviado representando al apóstol “porque él hace la obra del Señor así como yo” (v.10b). Pablo lo enviaba para corregir algunos errores que había en ellos, como; reprender a los culpable, las contiendas especialmente en la identificación en torno a los líderes y no con Cristo (1:11-17; 3:3-7), esto había dañado grandemente la paz y comunión en la iglesia. Ya era hora de que se comportasen como cristianos, y escuchen con madurez las instrucciones y reconvenciones que Timoteo tuviese que hacerles. Por eso les dice “nadie le tenga en poco” (v.11a), es decir, no se aprovechen de su juventud o su timidez (ver 1 Timoteo 4:12), al contrario, aprovechen su estadía y su experiencia, pese a su edad trátenlo con honor y con respeto, como hombre de Dios. Del mismo modo, como creyentes en Cristo Jesús debemos mirar con respeto a quienes cumplen una labor dentro del ministerio, por causa del que le ha puesto, y por causa de su investidura como siervo del Señor. Y una vez que cumpla su cometido encaminadle (provean todo lo necesario) pues se le espera en Éfeso.
Termina esta lección comentando acerca del hermano Apolos, a quien Pablo le rogo mucho que fuese a Corinto con los hermanos, pero por el momento no estaba dispuesto a ir, buscaría la ocasión para hacerlo, esperando la voluntad de Dios. Quizás su presencia podría inquietar a sus partidarios y recrudecer las divisiones que se planteó en capítulo 1:10-13 y 3:1-9.
Conclusión: A veces hacemos planes, y es bueno proyectarse, pero siempre depende de nosotros, cuando nos prestamos en las manos del Señor, es él quien nos dirige de acuerdo a sus propósitos. En su segundo viaje misionero, atravesando Frigia y Galacia, el Espíritu Santo les prohibió hablar en Asia (Asia menor, la actual Turquía), cuando llegaron a Misia intentaron ir a Bitinia pero el Espíritu Santo no se los permitió (Hechos 16:6-7). Posteriormente, les mostró una visión de noche, donde un varón macedónico, les rogaba que pasase por esa provincia y les ayudase. Dios abre puertas donde quiere, y Pablo como misionero y buen hombre de Dios se dejaba guiar por el Señor. Mi estimado pastor, si Dios le abrió la puerta donde está establecido, la obra prosperara y usted mí querido hermano con mucho respeto, préstese para los propósitos de su Señor.

domingo, 7 de julio de 2019

Compartiendo con los pobres

Lección: 1° Corintios 16: 1- 4
Texto: 2° Corintios 9: 7

Introducción: En el Antiguo Testamento Dios se preocupó de que su pueblo velara por los pobres menesterosos y necesitados. (Ver Éxodo 23:10-11; Deuteronomio 15:7-11). También, Jesús en el Nuevo Testamento (ver Mateo 6:2-4; Juan 13:29). Asimismo, la iglesia tomo un rol en tiempo apostólico, y Pablo y sus compañeros, enseñaron en las diversas iglesias, socorrer a los necesitados de Judea que pasaban por hambre y necesidad.
Desarrollo: Fuera de Jerusalén la obra evangélica comenzó a extenderse a causa de la muerte de Esteban, los esparcidos llegaron hasta Chipre y   Antioquia de Siria, donde en esta última ciudad anunciaron el evangelio a los griegos, desarrollándose la obra en forma considerable, llamándose por primera vez allí cristianos. Por esos días, se levantó un profeta llamado Agabo, quien tomado por El Espíritu comenzó a declarar que “vendría una gran hambre en toda la tierra habitada, la cual sucedió en tiempo del Emperador Claudio. Entonces, los discípulos, determinaron enviar socorro conforme a lo que tenían, a los hermanos que habitaban en Judea; lo cual en efecto hicieron, enviándolo a los ancianos por mano de Bernabé y de Saulo. (Hechos 11:27-30) Esto ocurre en el año 44 d.C. Ya estaba en el corazón del apóstol socorrer a los santos de Jerusalén. 
En el año 49, cuando fue el Concilio de Jerusalén (Hechos 15), habiendo subido Pablo y Bernabé (representando a los gentiles de Antioquia), se juntaron con los apóstoles y los ancianos para resolver asuntos de orden doctrinal, quedando estos resueltos; no echando cargas a los gentiles, con ritos acerca de la ley, pero, se les “pidió que se acordasen de los pobres; lo cual también procure con diligencia hacer” Dijo Pablo (Gálatas 2:10).
Ahora bien, una de las metas del apóstol Pablo en su tercer viaje misionero fue, recolectar dinero para los pobres que hay entre los santos que están en Jerusalén (ver Romanos 15:26), recorriendo por orden la región de Galacia y de Frigia, confirmando a todos los discípulos (aquí, sin duda ordenó a las iglesia acerca de los aportes voluntarios para los que están en Judea)  (Hechos 18:22-23), llego a Éfeso (Hechos 18:24) desde donde escribe esta epístola. El capítulo 16 de esta lección comienza dando instrucciones acerca de esta colecta: “En cuanto a la ofrenda para los santos, haced vosotros también de la manera que ordené en las iglesias de Galacia” (v.1).
¿De qué manera debía hacerse? “Cada primer día de la semana cada uno de vosotros ponga aparte algo, según haya prosperado” (v.2a), aquí encontramos que los cristianos primitivos se juntaban el día Domingo, ya no consideraban el sábado o séptimo día como una observancia obligatoria. Jesús mismo resucito el primer día de la semana, el día de Pentecostés fue el primer día de la semana, también en este día los discípulos se reunían para partir el pan (ver Hechos 20:7). Ahora se les pide a los corintios que el domingo, “cada uno de vosotros”, no a nivel familiar sino individual “aparte algo, según haya sido prosperado guardándolo” (de acuerdo a sus ingresos), no sea que cuando llegue el momento se hubiese gastado el dinero de la semana. La intención era que cuando llegase la comitiva “no se recojan ofrendas”. Pablo deseaba que fuese con acción de gracia y ofrenda preparada con anticipación con temor de Dios.
“Y cuando haya llegado, a quienes hubiereis designados por carta, a estos enviaré para que lleven vuestro donativo a Jerusalén” (v.3). Pablo actúa con transparencia y cautela, no toma la decisión solo, sino que, les pide a los hermanos que ello busquen a cristianos de confianza para llevar este donativo y una vez que él llegue, estaría dispuesto a darles cartas de recomendación, como vemos aquí, hay una mezcla de autoridad apostólica y autoridad congregacional. Es recomendable cuando haya dinero de por medio, se tomen todas las providencias para evitar prejuicios.
Si se decidía, que estaba bien que el apóstol también fuese, entonces los hermanos locales le acompañarían. Miremos atentamente que dice “irán conmigo” (v.4), y no iré con ellos. Tal vez una alusión a su autoridad como apóstol.
Conclusión: La iglesia de los gentiles se sentía deudora, pues ellos han sido participantes, de los bienes espirituales, e instruidos por el apóstol Pablo, les invita a participar de esta bendición, como es compartir de sus recursos para los necesitado que hay en Judea. Del mismo modo, la iglesia de hoy, debe estar atenta a socorrer a nuestros hermanos en la común fe, ya que Jesús dijo: “siempre habrá pobre en medio de vosotros” en quien podamos hacer misericordia. “Así que, según tengamos oportunidad, hagamos bien a todos mayormente a los de la familia de la fe. (Gálatas 6:10)

viernes, 5 de julio de 2019

La transformación del creyente

Lección: 1° Corintios 15: 51- 58
Texto: 1° Tesalonicenses 4: 17

Introducción: En este tema de la resurrección, hemos visto que se siembra cuerpo animal (o natural) y resucitará cuerpo espiritual, por el poder con que Dios puede realizar todas cosas. Además el apóstol inspirado por el Espíritu Santo escribe que es imposible que este cuerpo (humano, animal, mortal) hecho para esta tierra, pueda “heredar el reino de Dios”, no está preparado para ello. Todo creyente que haya dormido en los brazos del Señor (nacido de nuevo, a la vida espiritual al aceptar a Jesucristo como su salvador personal) cuando llegue el momento de la resurrección, “su cuerpo será semejante al cuerpo de la gloria suya”. Pero, ¿Qué pasará con los creyentes vivos en ese momento? Es el tema que nos compete en esta lección.
Desarrollo: Este misterio, es revelado ahora cuando se nos dice “He aquí, os digo un misterio. No todos dormiremos” (moriremos) (v.51a), es decir no todos los creyentes experimentarán la muerte. Algunos estarán vivos cuando el Señor regrese. Pero sea que hayamos muertos o sigamos vivos todos “seremos transformados”.
Este cambio será instantáneamente “en un abrir y cerrar de ojos “(v.52a). Ilustración apropiada para la transformación súbita del creyente en el rapto de la iglesia. La señal para este acontecimiento redentor será el sonido de una trompeta. “La final trompeta”, es la misma trompeta de Dios de la cual habla 1 Tesalonicenses 4:16 y anuncia el glorioso momento cuando el Señor Jesucristo arrebatará la iglesia. Este sonido convoca a la iglesia con su Salvador.
En el versículo 53 nos da a entender que cuando “esto corruptible se vista de incorrupción” se refiere a aquellos cuyos cuerpos que volvieron al polvo de la tierra, se vestirán de incorrupción; “y esto mortal” se refiere a aquellos que siguen vivos en el cuerpo pero sujetos a la muerte, se vestirán de inmortalidad. Cuando venga esta transformación y esto mortal se haya vestido de inmortalidad, se cumplirá lo escrito por el profeta Isaías “Destruirá la muerte para siempre” (Isaías 25:8) El apóstol, toma las palabras de la versión de Los 70 (traducción griega, idioma que se usaba en el primer siglo) “Sorbida es la muerte en victoria” (v.54b) (queriendo decir; “la victoria de la resurrección se ha tragado el poder de la muerte).
Citando a Oseas 13:14 dice “¿Dónde está, oh muerte, tu aguijón? (es una burla a la muerte como si fuera una abeja, cuya lanceta o aguijón ha sido extirpado) ¿Dónde, oh sepulcro, tu victoria? (v.55). Como si dijese, “hasta ahora hemos sido tus prisioneros, pero ahora se ha abierto de par en par las puertas de la cárcel y hemos quedado libres, se acabó tu dominio, se acabaron tus victorias “(por la muerte de Jesús).
“Ya que el aguijón de la muerte es el pecado, y el poder del pecado, la ley” (v.56). El pecado es presentado aquí como un escorpión que presta su veneno a la muerte (ver Romanos 6:23). La muerte sin el pecado es ganancia (Filipenses 1:21,23). La Muerte no tendría aguijón para nadie, excepto por causa del pecado. Es la conciencia de pecados no confesados y no perdonados lo que da miedo a la muerte. Si sabemos que nuestros pecados han sido perdonados, podemos hacer frente a la muerte con confianza. Más si alguno tiene pecados en la conciencia, la muerte es algo terrible; el comienzo del castigo eterno. “Más gracias sean dadas a Dios, que nos da la victoria por medio de nuestro Señor Jesucristo (v.57) ¡Sí! Dios nos da la victoria, precisamente mediante el sacrificio de Cristo en la Cruz del Calvario (Gálatas 3:13), allí quedó desarmada la muerte cuando su aguijón le fue quitado y su poderío quedo nulo para los que duermen en el Señor. Como también al decir “nos da” (y no “nos dio”), se da a entender que participamos ya de esa victoria ahora, y a diario.
Conclusión: Al concluir este capítulo de la resurrección Pablo hace un llamado triple a “sus amados hermanos” Primero, a “Estar firmes” en las verdades de la fe que aprendieron del apóstol, y en las normas de conductas que caracterizan a los que ha de seguir las pisadas de o huellas del Señor. Segundo, a ser “Constantes”, de forma que ninguna doctrina extraña pueda desviarles del verdadero camino y de la gloriosa esperanza en la resurrección. Al despertar con un cuerpo incorruptible e inmortal. Nada debe apartar a los creyentes de ser removidos de esta esperanza del Evangelio triunfante (ver Colosenses 1:23). Esta esperanza debe ser el ancla de nuestra fe (Hebreos 6:19) Finalmente, “Creciendo en la obra del Señor siempre” A no conformarnos, sino siendo transformados en nuestro pensamiento en el día a día (Hebreos 12:2). Sabiendo que vuestro trabajo en el Señor no es en vano (v.58b)..

lunes, 24 de junio de 2019

Esperando la imagen del celestial

Lección: 1° Corintios 15:45-50
Texto: 1° Juan 3:2

Introducción: El cuerpo humano actual, aun el del creyente más espiritual, es un cuerpo adaptado a las condiciones de la vida presente, responde a los instintos, reflejos y reacciones de la vida natural. Cuando el creyente duerma o muera en el Señor, resucitará con un cuerpo espiritual. Ahora es el cuerpo el que se conserva o continúa en la resurrección. Es una clase de cuerpo cuando muere (un cuerpo natural), y será resucitado como un cuerpo, pero espiritual, controlado por el espíritu, pero todavía un cuerpo. El primero está ajustado a la vida aquí en la tierra, el segundo será idóneo para la vida del cielo. Será el instrumento perfecto de la vida celestial, como el cuerpo animal es el órgano de la vida terrenal.

Desarrollo: Recordemos que hay cuerpo animal y cuerpo espiritual. Pablo, lo ilustra con la comparación entre el Primer Adán y el postrer Adán, las dos únicas cabezas de la humanidad, y apela el apóstol a las Escrituras en especial a Génesis 2:7, donde leemos “Entonces Jehová Dios formó al hombre del polvo de la tierra, y sopló en su nariz aliento de vida, y fue el hombre un ser (alma) viviente”. Alma viviente quiere decir “dotado de vida”. Sin vitalidad o principio vital, la materia permanece inerte. Es el Creador, sin embargo, quien convierte lo inerte en algo viviente. Este habría podido seguir viviendo indefinidamente sino hubiese transgredido el mandamiento divino de no comer del fruto del árbol del conocimiento del bien y del mal, por causa del pecado trajo muerte. El postrer Adán (Cristo), el “espíritu vivificante” es dador de vida, de vida eterna “Porque como el Padre levanta a los muertos, y les da vida, así también el Hijo a los que quiere da vida” (Juan 5:21; ver también Juan 6:33, 39,40; Colosenses 3:4).
Podemos decir, que como descendientes de Adán somos hechos como él, almas vivientes que habitan en cuerpos mortales, y que llevan la imagen de su padre terrenal. Pero como seguidores de Cristo, vamos a ser revestidos de cuerpos inmortales y llevaremos la imagen de Cristo nuestro Señor. (El Adán Vivificante)
En el versículo 46 dice “Mas lo espiritual no es primero, sino lo animal; luego lo espiritual”. Pablo desea poner en claro que, aunque Cristo ya existía antes del tiempo y antes que existiese hombre alguno, en el orden de la creación entramos primero en lo natural o animal, solamente después de eso es cuando entramos en lo espiritual, es decir, recibimos primero cuerpos naturales y luego en la resurrección recibiremos cuerpos espirituales.
En los versículos 47 al 49 Pablo hace una comparación entre ambos. El primer hombre Adán es representativo de todo lo caído, no tan solo es hecho de tierra sino que también sus valores son terrenales. El segundo Adán (Jesús), es el hombre representativo de todo lo redentor, es de los cielos. Todas sus acciones y valores reflejan los valores y acciones divinas. ¿Qué hombre procede del cielo? Seguramente el apóstol pensaba (cuando escribió esta carta) en el pasaje de Daniel 7:13 “Miraba yo en la visión de noche y he aquí con la nube del cielo uno como hijo de hombre”. Pablo ciertamente identificó a este como Jesús, el que ha de venir, habiendo cumplido la obediencia total a Dios. En el pecado todos han seguido al hombre terrenal. En la resurrección todos los creyentes llevaremos la imagen del “hombre celestial” Jesús (ver Romanos8:29; 2 Corintios 3:18).
En el v.50, el apóstol pasa al tema de la transformación que tendrá lugar en el cuerpo de los creyentes, tanto de los vivos como de los muertos, cuando el Señor vuelva. Introduce sus observaciones con la declaración de que “la carne y la sangre no pueden heredar el reino de Dios”. Carne y sangre, estas dos palabras son de uso semítico y siempre aluden a “personas vivientes”, con esta idea Pablo les dice a los corintios “hombres vivientes no pueden heredar el reino de Dios”, su cuerpo no es idóneo para el hogar celestial. También, es cierto que “la corrupción no heredara la incorrupción”. La palabra “corrupción” es en sí un eufemismo (palabra o expresión más suave o decorosa que sustituye otra considerada de mal gusto) por “cadáveres en descomposición”. El apóstol dice que estos tampoco pueden ver la incorrupción; ninguno de los 2 estados (vivos o muertos) podrán esperar la resurrección tal como están, hace falta para ello una transformación (ver Filipenses 3:20-21).
  
Conclusión: En Génesis 1:26 encontramos lo que Dios dijo “Hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza; y señoree…”. La caída del Hombre en pecado distorsionó la imagen y semejanza de Dios en el hombre. En Génesis 5:3 dice: “Y Vivió Adán ciento treinta años y engendró un hijo a su semejanza, conforme a su imagen, y llamó su nombre Set”. Ahora la descendencia de Adán ya no conservaba la imagen y semejanza de Dios, sino la imagen y semejanza de Adán. Por lo tanto la imagen y semejanza de Dios quedo distorsionada por el pecado. Cuando el pecador nace de nuevo como resultado de recibir a Cristo como Salvador, el Espíritu Santo comienza una obra maravillosa de conformar al hombre a imagen de Cristo. Cuando por fin se manifieste Cristo en su gloria, el hombre volverá a tener la imagen y semejanza de Dios como Adán antes de la caída. “Amados, ahora somos hijos de Dios, y aún no se ha manifestado lo que hemos de ser; pero sabemos que cuando él se manifieste, seremos semejantes a él, porque le veremos tal como él es. (1 Juan 3:2)

domingo, 16 de junio de 2019

Resucitados con un nuevo cuerpo

Lección: 1° Corintios 15:35-44
Texto: Juan 12:24

Introducción: Hasta ahora, entre otras cosas, Pablo plantea que Cristo ha resucitado de los muertos; primicias de los que durmieron es hecho (v.20), y debido a que si Cristo resucitó, también nosotros seremos vivificados. Ahora la pregunta seria, ¿Cómo serán los muertos resucitados? Eso es lo que Pablo, guiado por el Espíritu Santo, contestará en parte en esta lección.

Desarrollo: Pablo anticipa dos cuestiones que inevitablemente se suscitaría en la mente de aquellos que pusiesen en duda la resurrección corporal. “¿Cómo resucitaran los muertos?”, (v.35a), es una, y la segunda “¿Con qué cuerpo vendrán?” (v.35b). La primera pregunta tiene respuesta en el v.36 “Necio, lo que tu siembras no se vivifica, si no muere antes”. Pablo no describe el método que usa Dios, en cambio emplea una ilustración universal de la naturaleza, para explicar la continuidad de la vida. Una semilla que se planta en la tierra muere, porque al descomponerse deja de existir en su forma de semilla, pero de la misma ya muerta, brota la vida (Juan 12:24). En la segunda pregunta el apóstol explica que cuando siembra una semilla, “lo que siembra no es el cuerpo que ha de salir” (v.37a), es decir, no es la planta que ha de crecer al final, sino “el grano desnudo, ya sea de trigo o de otro grano” (v.37b). ¿Qué conclusión sacamos de esto?, ¿es la planta lo mismo que la semilla?, la respuesta es no. La planta no es lo mismo que la semilla, sin embargo, sí existe una relación muy vital entre ambas cosas. Sin la semilla no habría planta.  Además, la planta deriva sus rasgos de la semilla. Así es en la resurrección (ver Mateo 17:2-3 Pedro y los hijos de Zebedeo reconocen a los 2 personajes en el monte de la transfiguración)
“Pero Dios le da el cuerpo como él quiso, y a cada semilla su propio cuerpo” (v.38). Dios produce un cuerpo según la semilla que fue sembrada. Es grande el misterio de la vida, en realidad es mayor que el misterio de la muerte, así que el pequeño grano que se forma en la planta es como el que se había sembrado, no idéntico, pero ciertamente muy similar. De la misma manera como Dios da un cuerpo nuevo a la planta que surge de la semilla muerta, él puede dar un cuerpo resucitado a la persona que muere.
Así como existen cuerpos y formas bastante diferentes en el universo creado por Dios, que están adaptados para muchas variedades de existencia. Como por ejemplo; los cuerpos de carne, la de nosotros los seres humanos, la de los animales, peces y aves, con diferente finalidad y propósito. También, los cuerpos celestiales (con toda probabilidad los astros, como se ve por el v.41) Por último, los cuerpos terrenales. Y así como hay diferencia entre el esplendor de los unos y los otros (entre celestiales y los asociados a la tierra). Así hay diferencias entre el cuerpo del creyente ahora y el que tendrá después de la muerte. Incluso argumenta Pablo, que el sol y la luna son diferentes en esplendor o gloria y entre una estrella y otra (v.41).  “Así también es la resurrección de los muertos” (v.42a). Con esta frase da Pablo a entender, no precisamente que los resucitados se distingan unos de otros por el resplandor (aunque pudiese ser verdad, recuerde las recompensas en el Tribunal de Cristo), sino que, así también, el cuerpo resucitado será diferente del que se desintegro, aunque la persona sea siempre la misma. Enseguida pasa a detallar 4 propiedades en que el cuerpo resucitado se distingue del que es enterrado:
a).- Se siembra en corrupción resucita en incorrupción (v.42b). (Ver v.54; Filipenses 3:20) Ahora estamos sujetos a la enfermedad al deterioro y la muerte, al despertar a la nueva vida, será con un cuerpo incorruptible y glorioso.
b).- Se siembra en deshonra, resucitara en gloria (v43.a) No habrá más vergüenza por el pecado (deshonra), en cambio el cuerpo resucitado, será semejante al cuerpo de la gloria suya (Filipenses 3:21)
c).- Se siembra en debilidad, resucitara en poder (v.43b). Nada tan débil como un cadáver si vida, sin movimiento, en cambio el cuerpo resucitado tendrá poderes que en la actualidad no tiene (ver Juan 20:26)
d).- Se siembra cuerpo animal (adaptado para esta vida en la tierra), resucitará cuerpo espiritual (v.44ª), idóneo para la vida del cielo.


Conclusión: ¡Que amor tan grande el del Hijo de Dios!, si grandioso amor, al dejar su gloria y revestirse de humanidad, y someter su carne a la perfección, para ser en todo parecido a nosotros, pero, sin pecado, y posteriormente entregarse, a la humillación, vituperio, tormento y muerte. Su muerte traería vida al ser glorificado, exaltado, y cuando se acercó el tiempo dijo: “Ha llegado la hora para que el Hijo del Hombre sea glorificado. De cierto, de cierto os digo, que si el grano de trigo no cae a tierra y muere queda solo; pero, si muere lleva mucho fruto. Al morir, morimos con él, al resucitar resucitamos con él, y estamos en espera de aquello, para ser semejantes a él. Más nuestra ciudadanía está en los cielos, de donde también esperamos al Salvador, al Señor Jesucristo, el cual transformará el cuerpo de la humillación nuestra, para que sea semejante al cuerpo de la gloria suya, por el poder con el cual puede también sujetar a si mismo todas las cosas (Filipenses 3:20-21)