miércoles, 1 de mayo de 2013

LA BATALLA DEL ALMA


LECCION PARA EL DOMINGO 5 DE MAYO DE 2013

MATEO 26: 36-46
HEBREOS 5: 7
INTRODUCCION.
                               Todos los discípulos manifestaron que estaban dispuestos a morir antes que abandonarlo. Pocas horas más tarde, sin embargo, huyeron. Hablar es fácil. Es sencillo decir que somos seguidores de Cristo pero nuestras declaraciones son solo significativas cuando se prueban en el crisol de la persecución. ¿Cuán sólida es nuestra fe? ¿Tiene suficiente firmeza para resistir una prueba intensa?

DESARROLLO:
                               Este es un pasaje al que debemos acercarnos de rodillas. Aquí, del estudio se debe pasar a la adoración.
Cerca de la medianoche, el pequeño grupo de discípulos, guiado por Jesús, llegó al huerto de Getsemaní, lugar donde  Jesús acostumbraba orar (Luc. 22:39). El término traducido lugar se refiere a una propiedad definida o a un lugar encerrado. Quizás era un huerto privado. Getsemaní (v. 36) es un nombre en griego  que viene del arameo y quiere decir “prensa de olivas”. Allí sería la arena de agonía donde se libraría la batalla de los siglos. Jesús entró resueltamente a este valle de sombra de muerte (Sal. 23:4) con el fin de prepararse a sí mismo y a los discípulos para el suplicio del día siguiente.
El Señor dejó a ocho de los discípulos en la entrada del huerto y llevó a Pedro, Juan y Jacobo más adelante. Estos tres formaban el círculo más allegado a Jesús que tuvo el privilegio de estar con él en tres momentos especiales: la transfiguración (17:1–13), cuando sanó a la hija de Jairo (9:23–26; Luc. 8:49–56) y ahora. Cuando se alejaron de los demás,  Jesús dejó aflorar sus emociones delante de ellos. La plena humanidad de Jesús se deja ver en las emociones que manifestó y por el deseo de tener a su lado a los tres  amigos más allegados para acompañarlo en su hora de crisis. Entonces comenzó a exteriorizar lo que había llevado en su corazón durante meses: una profunda tristeza y angustia de alma (v. 37). El verbo griego   que se traduce angustiarse (v. 37) es de origen incierto. Lo más probable es que se refiere a una “pena intensa” o “corazón pesado”. Mi alma está muy triste, hasta la muerte (v. 38) describe aún más la intensidad de las emociones que Jesús sentía, un grado que ningún ser humano puede entender cabalmente. Alma aquí se refiere  al asiento de los sentimientos y emociones. El alma de Jesús se menciona sólo aquí y en Juan 12:27. El mandato, quedaos aquí y velad conmigo (v. 38), no tenía el propósito de alertarle cuando viniesen los enemigos para que él pudiese escapar, o se escondiera. Más bien, Jesús deseaba el sostén y compañía que estos discípulos podrían proporcionarle en su hora de angustia.
Su tiempo de oración allí nos enseña cosas importantes.
a).-La oración en Getsemaní nos confirma la humanidad de Jesús: Comenzó a entristecerse y angustiarse (v. 37).
 Es Dios que se hizo hombre por nosotros (Fil. 2:5, 6).
Como hombre sufrió la angustia del sufrimiento (Heb. 4:15).
b.-La oración en Getsemaní nos enseña la sumisión de Jesús: Hágase tu voluntad (vv. 39, 42, 44).El es el único que podía ser nuestro Salvador
(Hech. 4:11, 12).
Luchó con la debilidad de su humanidad, pero se sometió al Padre
(Heb. 5:7, 8).
Entregó su vida en obediencia (Heb. 10:6, 7) y para cumplir las promesas del Padre.
c.-La oración en Getsemaní nos muestra la soledad de Jesús: Los halló durmiendo, (v. 40).
Ni sus amigos más íntimos podían entender lo que iba a hacer. No podían consolarlo. A pesar de sus promesas de lealtad, lo abandonaron (vv. 35, 55, 56). El estaría solo también en la cruz.
d.-La oración en Getsemaní nos evidencia el amor de Jesús (vv. 41, 43, 45).
En su intenso sufrimiento, todavía se ocupaba del bienestar espiritual de sus discípulos.
Su vida y su muerte fueron por amor a la humanidad (Juan 15:13).
¡Cuánta desilusión y dolor habrá pasado Jesús ese jueves por la noche! Anunció que Judas lo iba a entregar. Hubo controversia entre los discípulos en el aposento alto sobre quién sería el mayor. Jesús anunció la negación de Pedro; y ahora en el huerto, los discípulos se duermen a pesar de que él les había pedido expresamente que lo acompañasen despiertos.
Velad conmigo (v. 38) es una súplica más que un mandato. Jesús los necesitaba, ellos le fallaron. La pregunta ¿Así que no habéis podido velar ni una sola hora conmigo? (v. 40) capta la desilusión de Jesús. No habéis podido... es un verbo que se refiere al poder físico. Les faltó la fuerza física. Puesto que Pedro había afirmado tan categóricamente su lealtad, Jesús se dirigió a él en particular.

CONCLUSION:
                               En este momento, lo único que sabía Jesús era que tenía que seguir adelante, y delante Le esperaba una cruz.  Con toda reverencia podemos decir que aquí vemos a Jesús aprendiendo la lección que todos los seres humanos  debemos aprender algún día: Aceptar lo que no podemos comprender. Lo único que sabía era que la voluntad de Dios Le llamaba imperiosamente a seguir adelante. A cada uno de nosotros nos suceden cosas en este mundo que no podemos entender; es entonces cuando la fe se pone a prueba hasta su último límite; y en tales momentos es dulzura para el alma recordar que Jesús también lo pasó en Getsemaní. Tertuliano  nos conserva un dicho de Jesús que no está en los evangelios: «El que no haya sido tentado no puede entrar en el Reino del Cielo.» Es decir: Cada persona tiene su propio Getsemaní, y cada persona tiene que aprender a decir: «Hágase Tu voluntad.»

ALGUNAS VERDADES CON RESPECTO  A LA ORACION:
La oración hace que los creyentes que están de rodillas frente a Dios puedan ponerse de pie con firmeza frente a los hombres.
La oración pone al habla dos infinitos: el pensamiento humano y Dios.
A veces mostramos a los hombres lo que hay en nuestro corazón. Pero lo que les permitimos ver está sujeto a un estricto control por nuestra parte. En cambio cuando oramos, nuestro corazón pone al descubierto todo cuando hay en él. Es como si el sol penetrara de pronto en el panal de las abejas.
La oración no es sólo una conversación con Dios. Es compartir con él nuestras alegrías y tristezas, pensamientos y sentimientos, intenciones y proyectos. Es también el tiempo de compartir nuestros silencios con el Señor.

1 comentario: