viernes, 21 de febrero de 2014

LA MULTITUD SIGUE A JESUS

JUAN 6: 21 – 27
MATEO 6: 37
LECCION ESCUELA DOMINICAL 23 DE FEBRERO

INTRODUCCION:
                               El milagro de caminar sobre el agua fue una verdadera señal que logró el propósito anunciado por Juan (20:31). Nótese la insinuación de la expresión y de inmediato la barca llegó al destino; con Jesús en la barca el viaje se cumplió feliz, seguro y rápido, cosa que no sucedía cuando ellos estaban remando sin él.
Este milagro que se produjo en el mar, constituye en realidad, cuatro milagros en uno:
1. Jesús anda sobre el mar (sin suprimir las leyes de la gravedad, las controla para beneficio del reino);
2. Hace que Pedro ande también sobre el mar (aunque este suceso no se narra en el cuarto Evangelio);
3. Se revela como Señor de la tempestad, pues al entrar en la barca, la tormenta cesa (omitido en Juan); y
 4. Muestra su dominio sobre las distancias, ya que al entrar en la barca ésta se encuentra inmediatamente en la orilla.

DESARROLLO:
                        La multitud quiso agarrar a Jesús físicamente y forzarlo a ser su rey, tipo Moisés. Ante esta perspectiva, Jesús “desapareció”. Entre tanto, él se había manifestado a sus asustados discípulos como el rey soberano sobre la naturaleza, calmando la tormenta y caminando sobre el agua.
Juan explicó en la sección anterior cómo Jesús y los discípulos cruzaron el mar de Tiberias, llegando a Capernaúm. Este breve pasaje tiene el propósito de explicar el traslado de las multitudes, ubicando a todos de nuevo en el lado occidental del mar.
La noche había pasado, Jesús y sus discípulos habían arribado a Capernaúm, pero las multitudes se despertaron perplejas, todavía en la orilla oriental del mar donde ocurrió la alimentación de los 5.000. No encontraron a Jesús y sabían que no estaba con los discípulos en la única barca que había cuando ellos partieron la tarde anterior. Probablemente, se sentían frustradas, pues aún tendrían la intención de convencerlo a aceptar la propuesta de ser su rey.
Otra vez Jesús inicia una declaración solemne con la doble partícula afirmativa griega amén, amén. Como un perito cirujano, Jesús presenta su diagnóstico del motivo de su búsqueda. No era como él hubiera esperado, que ellos lo buscaran por haber discernido que él era el Mesías basados en la señal realizada el día anterior. No, el motivo de la búsqueda era más materialista y egoísta. ¡Querían más comida gratis! Por eso querían hacerle rey. ¡Qué conveniente!
El foco de la vida de ellos, con todo su esfuerzo para mantenerla, estaba en lo material, en lo que no tiene permanencia. El mandato trabajad (v. 27), un imperativo en el tiempo presente, describe una acción continuada, es decir, lo que debe ocupar toda la vida. Jesús establece el contraste entre lo perecedero y lo permanente, lo material y lo espiritual, y exhorta a establecer como prioridad número uno el procurar la segunda de las dos alternativas. Juan se conoce como el “Evangelio de vida”, es decir, vida espiritual y eterna, la cual sólo Jesús ofrece.
Al enfatizar lo espiritual, Jesús no descuidaba las necesidades materiales, lo cual se ve en la alimentación de las multitudes y la sanidad de los enfermos.
Se pregunta ¿cuándo fue Jesús sellado por el Padre? La ocasión más explícita fue en su bautismo cuando el Padre habló desde el cielo. Además, las mismas Escrituras daban testimonio de él como Hijo de Dios y cada señal llevaba el sello de aprobación y autenticación del Padre. Ciertamente Jesús tenía credenciales auténticas y más que suficientes para los que estaban dispuestos a oír y ver objetivamente.

CONCLUSION:

                               Aunque los hombres incrédulos vean los milagros, nunca descubrirán el significado real de Jesús. Para mucha gente, Jesús era una persona tremendamente atractiva. Sin embargo, nunca estuvo satisfecha con lo que vio, siempre quería más. Por lo tanto, Jesús les invita a tomar otra posición frente a Él. Deben `trabajar' por una comida que permanece, siendo este `trabajo' el creer en Jesús como el Mesías. Él es mayor que Moisés, ya que Moisés no ha dado nada, sino Dios; mientras que Jesús es el verdadero Pan de vida. Sólo Él satisface el hambre y sed espiritual por completo, pues Él restaura la comunión con Dios que estaba quebrada. Dios mismo proveerá las personas que vendrán a Jesús. Ellos obtendrán por medio de Él la vida eterna.          

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