jueves, 14 de mayo de 2015

¿Por qué buscáis entre los muertos al que vive?

Lección, Domingo 17 de Mayo de 2015

JUAN 20:11 AL 18
1 DE PEDRO 1:3
INTRODUCCIÓN 


En este relato observamos por un lado el tremendo dolor de María, y por otro su dulce amor por el Señor Jesucristo. Dolor y amor se entremezclaban en su alma, y ambos nos revelan su más profundo sentir.


JESUCRISTO APARECE A MARIA MAGDALENA (20:11–12)



1. El dolor natural por la muerte (11). María Magdalena había sido la primera en llegar al sepulcro aquella mañana, y había ido a contar a los apóstoles que el cuerpo de Jesús no estaba en la tumba. Quizás por su curiosidad de mujer, tal vez por el dolor o tal vez incitada ante las preguntas de los apóstoles, regresó más tarde al sepulcro. Se acercó a la tumba, volvió a dirigir su mirada a la tumba vacía y comprendió que los hechos eran innegables. Lloraba y vigilaba porque sentía un profundo dolor y no conocía a fondo el poder de Dios.
   Ella lloraba como lloramos la mayoría de nosotros cuando muere un ser querido. La separación es dolorosa. En el caso de María Magdalena era casi desesperación, ya que ni ella ni los discípulos se aferraban a la promesa de que el Señor resucitaría. María sufría la agonía de la soledad. Jesús la había liberado de siete demonios (Lc. 8:2 y sig.), le había devuelto su dignidad, y ella anhelaba y necesitaba su presencia.

2. El dolor que sobrepasa al asombro (12).
Al inclinarse nuevamente para mirar dentro de la tumba cavada en la roca, vio a dos ángeles con vestiduras blancas, uno a la cabecera y otro a los pies del lugar donde había estado el cuerpo de Jesús. Sin embargo, esta visión sobrenatural sólo produce indiferencia en ella—tan grande era su dolor, o tanto más importante que cualquier otra cosa. En circunstancias normales se hubiera aterrado, pero en esta ocasión habla con ellos como si fueran dos seres humanos.

3. El dolor que enceguece (14). Su tremendo dolor por lo que ella consideraba no sólo la muerte sino también la desaparición del cuerpo de Jesús, impidió que lo reconociera. El dolor a veces ciega nuestros ojos, impide que veamos las cosas buenas de la vida, y no reparamos en el hecho de que el Señor está presente, que nunca nos abandona (Mt. 28:20b;
Heb. 13:5). Sin embargo, cuando estamos pasando por un gran dolor debemos recordar que él está con nosotros y vive en nosotros.
María no reconoció al Señor resucitado. Era muy de mañana y estaban a media luz. Sus sollozos eran violentos, típicos de los respetuosos entierros de la época, y su llanto la había descontrolado y le había impedido funcionar normalmente. Además estaba de espaldas a Jesús (Juan nos dice que ella se volvió), y sólo fue una mirada relámpago.

EL AMOR DE MARÍA POR EL SEÑOR (13–18)

 El profundo amor de María por el Señor es digno de imitar. No debemos permitirnos una actitud de dar por sentado nuestra relación con el Señor. Debemos cultivar nuestro amor por Cristo, cantarle himnos, decirle que lo amamos, hablar con él. Por el gran perdón que había recibido, María amaba mucho, pero además había desarrollado esa actitud.

1. Diálogo con los ángeles (13) El encuentro con las criaturas celestiales parece no asombrarla. Estaba inundada por su dolor, y éste hacía desaparecer toda otra preocupación o interés por lo que ocurría alrededor.
  Los ángeles le preguntan por qué llora. El verbo utilizado no sólo habla de lágrimas sino de sollozos audibles y casi descontrolados.
Nuevamente María hace referencia a “mi Señor”. Estaba buscando a un Jesús muerto. Luego de contar a los ángeles lo que ocurría, se volvió, es decir salió de la tumba.

2. Diálogo con Jesús (14–17) Dios escoge revelar la resurrección a una mujer que había sido endemoniada y luego transformada en forma radical. Esto nos recuerda la gracia de Dios y su manera de operar, en contraste a cómo hubiéramos actuado nosotros—quienes hubiéramos pensado que Jesús habría aparecido primero a Pedro, a Jacobo, a Juan o a otro de los grandes. Pero el Señor se le aparece primeramente a una mujer (Mr. 16:9) que en su pueblo debió de haber sido despreciada y tenida en menos. Los caminos de Dios no son nuestros caminos (Is. 55:8), y a él le agrada revelarse a los sencillos (Lc. 10:21).
   Por otra parte, era aún de madrugada, y ella, una mujer prudente, apenas le dirige la palabra a quien creía que era el jardinero.
   El diálogo con Jesús es un hecho real, una experiencia verídica, un hecho histórico. En segundo lugar, el diálogo también puede interpretarse en forma figurada como un mensaje a nuestra generación.  San Crisóstomo, uno de los padres de la iglesia, dice: “Los ángeles quizás hicieron un gesto o un movimiento al ver a Jesús, y por ello, tal vez, María Magdalena dio una rápida media vuelta.” Pero él le habla y ella aparentemente sigue con su mirada en la tumba, dándole la espalda.

a. De espaldas a Jesús (14). Cuando Jesús le habló ella estaba de espaldas a él. Simplemente se da  para salir de la tumba, ve a Jesús de reojo y sigue dándole la espalda porque su mirada estaba en la tumba vacía.
   En sentido figurativo, si una persona vive siempre dándole la espalda a Jesús, no lo reconocerá. Muchos que se dicen cristianos no reconocen la voz de Dios en un mensaje porque le dan las espaldas al Señor y están encubriendo un pecado que debieran confesar.
Darle la espalda a Jesús es también la actitud del mundo que vive desesperado, llorando, sin esperanzas.

b. ¿A quién buscas? (15a). Jesucristo personaliza la conversación. Ella estaba pensando en un cuerpo inerte, muerto, y Jesús en su pregunta se refería a una persona viviente. Nuestra generación está buscando con desesperación algo con que satisfacer sus ansiedades, pero no sabe con exactitud qué busca.

c. ¿Dónde lo has puesto? (15b). A pesar de las preguntas directas de Jesús, María sigue con su obsesión por encontrar el cuerpo de su Señor, y le responde creyendo que este hortelano debía entender a qué se estaba refiriendo ella: “Si tú lo has llevado, dime dónde lo has puesto …” En el impulso de su amor, María Magdalena no se detuvo a pensar si ella sería capaz de cargar un cuerpo muerto. O tal vez su amor le hacía creer que era fuerte. Del mismo modo que María, nuestra generación no cree en el poder de Jesús para resucitar, y lo busca en lugares equivocados: libros de historia, religiones, esfuerzos personales.

d. Llamado de Jesús (16). Cuando Jesús la llama por su nombre, ella nuevamente se da vuelta—estavez para ponerse frente a él—, mira a Jesucristo en el rostro y reconoce su voz. Le responde: “¡Maestro!”
El Señor Jesús dijo una sola palabra, y María también utiliza sólo una: “Raboni”, que quiere decirMaestro. La forma aramea que utiliza María era, seguramente, más honorífica que Rabí.

e. Exhortación (17). Seguidamente el Señor la exhorta: “No me toques.” En realidad no es una ordenque le prohibía tocarlo sino que la instaba a dejar de hacer lo que estaba haciendo: “María, deja de seguir aferrándote a mí.” En el original griego la idea de HAPTO es aferrarse en forma prolongada, ya que María al parecer se arrojó a sus pies y no quería soltarle. Es como si Jesús estuviera diciendo: “Deja de aferrarte egoístamente a mis pies. Pronto subo a mi Padre y deseo ver a mis discípulos. De manera que ve y diles que vengan porque quiero verlos antes de regresar al cielo”.1 Mateo 28:9 relata que las mujeres abrazaron los pies de Jesús, y no por ello él les dijo que dejaran de hacerlo. En ningún momento el Señor deseaba impedir que María le tocase. Sus palabras no encierran reproche sino una comisión.
  
El Señor da a María un mensaje para sus discípulos, a quien llaman sus “hermanos”. Anteriormente los había llamado “amigos” (15:14–15), y ahora la relación se hacía aún más profunda (He. 2:11–12)

3. Diálogo con los discípulos (18). Obedeciendo la orden del Señor, María corre en busca de los discípulos para contarles que había visto a Jesucristo. El evangelista Marcos añade que los discípulos, quienes estaban tristes y llorando (16:10–11), no le creyeron cuando les dijo que Jesús vivía. Es difícil imaginar la emoción que sentiríamos si el Señor mismo se nos presentara. ¿Cómo habrá sido estar allí esa mañana cuando el Señor Jesús apareció resucitado de entre los muertos?

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