lunes, 8 de junio de 2015

LA PESCA MILAGROSA

Lección Domingo 07 Junio 2015

JUAN 21:1 AL 14
HECHOS 1:3
INTRODUCCIÓN

    Por tercera vez el Señor Jesús se manifiesta a sus discípulos luego de la resurrección, de manera que este relato no está desconectado del resto del evangelio sino que sigue una secuencia. Es una aparición más del Señor a los suyos antes de regresar al cielo.

DESARROLLO 

A. El retroceso espiritual de los discípulos (1–3) 
     Imaginemos la conmoción en Jerusalén ante la noticia de que un muerto había resucitado y que había sido visto por muchas personas. Sin duda, hubo conmoción aun entre los seguidores más íntimos de Jesús. Uno creería que luego de haber visto al Señor resucitado, estos hombres habrían sido transformados de manera radical. Un muerto que resucita (aunque no hubiera sido el Señor Jesucristo) es un milagro suficientemente maravilloso como para sacudir a cualquiera. Sin embargo, aunque seamos partícipes de milagros asombrosos en nuestra vida, aunque el mismo Señor estuviera en persona aquí en la tierra, aunque creamos en el Hijo de Dios resucitado, esto no detiene el acontecer diario en nuestra vida. En el caso de los discípulos, la vida también seguía su curso.
      Ellos vuelven al punto en que el Señor los había encontrado al comienzo de su ministerio, como si el tiempo con el Maestro sólo hubiera sido un paréntesis de tres años. Regresan a la vida vieja. No que la pesca fuera un oficio deshonroso sino que habían retrocedido en su vida espiritual volviendo a lo de antes. ¿Cómo pudo suceder? La teoría estaba clara en la mente de los discípulos. Conocían al Señor y conocían la verdad de la encarnación, habían presenciado milagros, habían seguido a Jesús hasta el punto de abandonar su profesión y su familia, y no obstante de pronto vuelven a los días del pasado. Sin la fuerza interior del Espíritu Santo, eran nada más que simples hombres. El Espíritu Santo hace que la regeneración sea eficaz (Tit. 3:5), y en ellos la obra del Espíritu Santo aún no había sido completada. No tenían todavía el poder del Espíritu Santo, con el cual fueron bautizados en Pentecostés.  A partir de ese momento ya no volvieron atrás. Antes de su muerte y en forma repetida el Señor les había anticipado que volvería a su Padre, y tal vez los discípulos creyeran que debían volver a la “vida real”, al tipo de vida de antes. Si el creyente no está lleno del Espíritu Santo, es fácil que regrese a la vida natural, a la vida vieja—no necesariamente pecaminosa sino carente de dimensión espiritual. Lo natural para ellos era ser pescadores.
     Sin embargo, el Maestro los había comisionado a predicar el evangelio (Mr. 16:15), a ganar almas, a ser “pescadores de hombres” (Mt. 4:19; Mr. 1:17; Lc. 5:10), pero ellos han vuelto a su antigua profesión, seguramente pues necesitaban ganar dinero para el sostén. Tal vez se hayan dicho: “Fueron tres años y medio maravillosos, pero ahora el Señor dice que se va.”

B. La pesca milagrosa (4–8, 11) 
    Cristo resucitado aparece en escena y se involucra en el trabajo de sus siervos. Sea cual fuere el oficio o profesión que uno tiene, Jesús quiere ser parte integral en la vida de cada uno de sus hijos.
    Además en este incidente hay un recordatorio del poder extraordinario y sobrenatural del Señor Jesús. Luego de haber pasado toda la noche sin poder pescar—es probable que tuvieran frío y estuvieran cansados y desanimados—ante una indicación de Jesucristo los discípulos pescan 153 peces grandes. Pero el Señor les recuerda lo que les había enseñado tres años antes: que la pesca es exitosa sólo cuando seguimos sus instrucciones; que en la vida habrá resultados que perduren si Jesús es parte integral de ella.
     La resurrección tiene efectos aun en las redes de los pescadores. El Señor hace el milagro de una pesca cuantiosa, y para asombro de los discípulos las redes no se rompieron sino que permanecieron intactas. Por otro lado, el hecho de que hayamos visto un milagro de Dios, que hayamos sentido el poder de la resurrección de Jesús (en nuestra vida, nuestra familia, nuestra evangelización o nuestra iglesia local) no implica que seguiremos en un nivel extraordinario. Si en vez de mantener los ojos en Jesús, ponemos nuestros ojos en el mero hecho de un milagro, eso puede hacernos retroceder. Aunque veamos milagros en nuestra vida—y es hermoso ver el poder de Dios manifestado—nuestra mirada debe estar sólo en Jesús.
     No podemos pasar por alto el hecho de que este nuevo encuentro con los discípulos es casi un paralelo con el primer llamado del Señor, oportunidad en que ellos también estaban pescando (Mt. 4:18–22; Lc. 5:1– 11). En esta ocasión era necesario que el Señor les recordara cuál era el verdadero llamado—cuidar la grey del Señor—tal como Pablo debió recordarle a Timoteo (2 Ti. 1:6).

C. El desayuno con el Señor (9–10, 12–14) 
    Luego del milagro de la pesca tiene lugar un desayuno con Jesús, que en realidad es otra señal sobrenatural. El Señor tiene leña, fuego  preparado y un pez que no sabemos de dónde sacó. (Tanto en el desayuno como en cada una de las comidas, Cristo quiere ser parte de nuestra familia. Cristo quiere compartir nuestras comidas y ser el oyente silencioso de cada conversación.)
    El Señor prepara el desayuno y lo comparte con los discípulos,  demostrándoles tanto su cuidado y su amistad como también la necesidad de vivir una vida normal. El hecho de que hubiera resucitado no significaba que debían vivir de manera anormal o desequilibrada. La vida continuaría su curso pero con Jesucristo en el centro.
    Notemos también que aunque ellos sabían que era el Señor Jesús, ninguno se atrevía a preguntarle quién era para reconfirmarlo. Parecía que a pesar de haberlo reconocido, había ciertas dudas. Tal vez haya sido muy temprano en la mañana y aún oscuro, ya que los discípulos inicialmente lo desconocen (4).


CONCLUSIÓN


  La obediencia con al que cumplieron la orden dada por cristo  “echad la red a la derecha de la barca, y hallaréis” les llevo a obtener buenos resultados. Todavía no sabían que quien así les hablaba fuera Jesús; Sin embargo, estaban prestos a obedecer la orden de un extraño, al suponer que, por alguna razón, conocía donde había un buen banco de pesca, a pesar de que ellos mismos eran expertos en el oficio. Está es una gran lección para nosotros, ya que, con frecuencia, desoímos los buenos consejos de otra persona, pues nos consideramos expertos y entendidos en la materia, y hasta nos parece una ofensa el que un desconocido se atreva a darnos lecciones. Esto muestra que, al atender al consejo de un hermano que nos habla con amor y movido por el Espíritu de Dios, atendemos al mismo Señor sin percatarnos de ello. ¡Qué bien les fue a los apóstoles esta obediencia, pues ahora lograban una captura que les compensaba de todas las fatigas de aquella noche, nunca se pierde por prestar obediencia     

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