martes, 29 de noviembre de 2016

Pablo en Atenas: La verdad absoluta del evangelio

Lección Domingo 13 de noviembre de 2016
Hechos 17:16-21
Texto: Romanos 1:22-23

INTRODUCCIÓN 

En Atenas 

Silas y Timoteo se quedaron en Berea cuando Pablo partió. Pero cuando los bereanos que acompañaron a Pablo hasta Atenas se disponía a regresar a casa, Pablo les pidió que dijeran a Silas y a Timoteo que se reunieran con él en Atenas. Los griegos tenían una religión politeísta, o sea, que tenían muchos dioses. Aún hoy hablamos del "Pantheon Griego" (Pantheon significa "todos los dioses"). Por lo tanto, en toda ciudad griega había muchos ídolos y altares de toda clase. Así era en Atenas. Al pasear Pablo por la ciudad y ver tantos altares, no pudo quedarse callado y habló con el pueblo de Atenas acerca de sus dioses. Pablo era celoso del honor del único verdadero Dios, el Padre de Jesucristo. El no podía ver a los hombres adorando a otros dioses. El testimonio constante de Pablo llegó al conocimiento de algunos de los filósofos atenienses. Atenas se consideraba a sí misma como el primer centro de la cultura, y todos los atenienses y los extranjeros residentes allí, en ninguna otra cosa se interesaban sino en decir o en oír algo nuevo (17:21). Los filósofos trajeron a Pablo al Areópago, el tribunal de la ciudad al aire libre. Parece que también era el centro usado para las discusiones filosóficas. Aquí, los filósofos le pidieron a Pablo que explicara sus enseñanzas. 


DESARROLLO 

La espera en Atenas 

El discurso de Pablo muestra con cuanta sabiduría él pudo adaptar su mensaje a su auditorio. Cuando él hablaba a los judíos, él podía suponer que sus oyentes conocían el Antiguo Testamento; aquí él estaba dirigiendo a paganos, por lo tanto no usó el Antiguo Testamento. Comenzó su discurso hablando sobre la creación, y mostró que Dios, que está sobre todas las cosas y que controla todas las cosas, no puede ser representado por imágenes. En las sinagogas Pablo usaba la historia de Israel para introducir al evangelio; aquí él principió por llamar la atención de los atenienses a cierto altar levantado "a un dios no conocido". Sin embargo, aunque empezó su discurso hablando de cosas que sus oyentes bien podían aprobar, no comprometió su mensaje. Presentó el evangelio puro. Declaró que Dios ahora exige el arrepentimiento, que Dios juzgará al mundo por medio de Cristo, y que la resurrección de Cristo señala el juicio venidero. La reacción a su discurso no fue gran cosa. "Cuando oyeron lo de la resurrección de los muertos, unos se burlaban, y otros decían: Ya te oiremos acerca de esto otra vez" (17:32). El evangelio es locura para los gentiles (1 Co. 1:23). No obstante algunos creyeron, inclusive un miembro del Areópago. Aunque "no muchos sabios según la carne, ni muchos poderosos, ni muchos nobles" (1 Co. 1:26), sin embargo Dios tiene su pueblo en cada nivel de la sociedad. Así es que, es menester predicar el evangelio a todos los hombres, tanto a los ricos como a los pobres, los de mucha fama como a los desconocidos. 

"Mientras Pablo los esperaba en Atenas, su espíritu se enardecía viendo la ciudad entregada a la idolatría. Así que discutía en la sinagoga con los judíos y piadosos, y en la plaza cada día con los que concurrían. Y algunos filósofos de los epicúreos y de los estoicos disputaban con él; y unos decían: ¿Qué querrá decir este palabrero? Y otros: Parece que es predicador de nuevos dioses; porque les predicaba el evangelio de Jesús, y de la resurrección. Y tomándole, le trajeron al Areópago, diciendo: ¿Podremos saber qué es esta nueva enseñanza de que hablas? Pues traes a nuestros oídos cosas extrañas. Queremos, pues, saber que quiere decir esto. Porque todos los atenienses y los extranjeros residentes allí, en ninguna otra cosa se interesaban sino en decir o en oír algo nuevo". 

Atenas era una ciudad famosa por su Acrópolis y por todos sus templos. Sin embargo, ya en aquella época había perdido su gloria anterior. Ya carecía de importancia política. Su antigua hegemonía en cultura y educación había pasado a la ciudad de Alejandría, en Egipto. No obstante, Atenas seguía cultivando la memoria de su pasado. Sus templos seguían siendo hermosos ejemplos de lo mejor de la arquitectura griega. Dondequiera que Pablo miraba, la ciudad estaba repleta de ídolos, y esto hizo que su espíritu se enardeciera (casi "se llenara de ira") dentro de él. Como siempre. Pablo fue primero a la sinagoga en el sabbath y les predicó a los judíos y a los gentiles piadosos que estaban allí. Pero también se sentía preocupado por el resto de los gentiles. Todos los días, hablaba con los que se encontraba en la plaza del mercado. Allí, algunos filósofos de los epicúreos y de los estoicos se enzarzaron en una discusión con él. 

Los epicúreos eran los seguidores de Epicuro (342-270 a.C.). Este decía que la Naturaleza es la suprema maestra, y nos proporciona las sensaciones, los sentimientos y las expectaciones para probar la verdad. Al decir sentimientos, se refería al placer y al dolor. Decía que se podían usar estos sentimientos para distinguir entre el bien y el mal que nos rodean. 

También enseñaba que los dioses eran incapaces de airarse, indiferentes ante la debilidad humana, y no intervenían ni participaban en los asuntos humanos. De esta manera negaba la posibilidad de los milagros, la profecía y la providencia divina. Al principio, cuando Epicuro hablaba de "placer", quería referirse a la verdadera felicidad. Primeramente, sus seguidores se limitaban a buscar una vida tranquila, libre de temores, dolores e ira. Más tarde, algunos de ellos hicieron de los placeres sensuales la meta de la vida. Los estoicos eran seguidores de Zenón de Citio (335-263 a.C.). Este creía en un poder creador y hacía del deber, la razón (o acuerdo con la razón divina), y la autosuficiencia la meta de la vida. Exhortaba a sus seguidores a aceptar las leyes de la naturaleza y de la conciencia, y a tratar de ser indiferentes al placer, el dolor, el gozo y el pesar. Algunos de estos filósofos fueron muy despectivos con el Evangelio de Pablo, y lo llamaron "palabrero", literalmente "recogedor de semillas". Este término se usaba también en el lenguaje popular para hablar de los parásitos y los plagiarios ignorantes. Después, como predicaba las buenas nuevas de Jesús y de la resurrección, decían que parecía que estaba proclamando nuevos dioses, o mejor, demonios extranjeros. 


CONCLUSIÓN 

Al parecer, sentían que las enseñanzas de Pablo eran peligrosas para sus ideas y filosofías. Lo llevaron ante el Concilio del Areópago, la corte suprema de Atenas. Esta corte se reunía anteriormente en la colina de Ares (colina de Marte), un cerro rocoso situado frente a la Acrópolis. El concilio preguntó cortésmente cuál era el significado de esta nueva enseñanza que los tenía perplejos. Esta petición no tenía nada de extraña. Todos los atenienses, así como los extranjeros que vivían en la ciudad, se pasaban todo el tiempo libre diciendo y oyendo cosas nuevas. La respuesta de Pablo a estas consultas y manteniendo su postura declaro ajustándose a la forma que el Apóstol Pedro declara en una de sus epístolas y que todo Predicador del Evangelio debe mantener. Este Apóstol dijo en uno de sus grandes comentarios “Sino, santificad a Dios el Señor en vuestros corazones, y estad siempre preparados para presentar defensa con mansedumbre y reverencia ante todo el que os demande razón de la esperanza que hay en vosotros”. ( 1 Pedro 3:15,16,17).

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