lunes, 31 de julio de 2017

Milagros en la isla de Malta

Lección: Hechos 28:1-10
Texto: Marcos 16:17-18
Domingo 30 de Julio 2017
INTRODUCCION:
 “Y sabemos que a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien, esto es a los que conforme a su propósito son llamados” (Romanos 8:28), que verdad más cierta, y como hemos visto hasta este momento, todo lo que le ocurre a Pablo, redunda en bendiciones para otros; en la presente lección veremos que el naufragio no fue en vano, la mordedura de la serpiente tampoco, pues Dios le engrandece y le permite por medio de su poder, sanar al padre del hombre más importante de la isla y todos los enfermos que allí habían.
DESARROLLO: 
La nave que trasportaba a Pablo rumbo a Roma para ser enjuiciado allí, ha naufragado en medio de un gran temporal. La tripulación, los soldados y los prisioneros se han salvado; unos nadando, otros tomados de algún madero o algo que flotase, llegando hasta la orilla de una isla, porque Dios así lo quiso (27:24), “Estando ya a salvo supimos que la isla se llamaba Malta” (28:1). (Se conocía como (gr) Melita o Melitene o por su gran producción de miel de abejas, era parte de un pequeño archipiélago de varias islas siendo tres de ellas las más importantes y habitables, Malta, Gozo y Comino), Malta tiene unos veintisiete kilómetros de largo por catorce de ancho y está a unos cien Kilómetros al sur de Sicilia.
“Los naturales nos trataron con no poca (mucha) humanidad” (v. 2). Los griegos llamaban a los naturales de Malta (barbaros), es decir no griegos. Así les llamaban a los que no seguían las costumbres (y la lengua) de Grecia o de Roma. Tal fue la delicadeza de los habitantes de la isla que les recibieron con una fogata, sin hacer distinción entre soldados tripulantes o prisioneros, pues dice “nos recibieron a todos” bajo la lluvia y el frio de esta manera se calentaron y secaron sus ropas.
Tan acostumbrado Pablo a ayudar a los demás, se puso a recoger algunas ramas secas para avivar el fuego y “una víbora (una serpiente venenosa), huyendo del calor se le prendió en la mano” (v. 3), quizás adormecida por el frio y la lluvia, sintió el calor se reanimo y viéndose atacada incrusto sus colmillos en la mano del apóstol. Muchos escritores hacen ver que no hay víboras en Malta hoy en día, sin embargo, como es una isla pequeña sus habitantes pudieron exterminarlas con el tiempo. Cuando los nativos vieron que el ofidio mordía y colgaba de su mano dedujeron precipitadamente que este debía ser un asesino y aunque escapara ileso del mar, la justicia no lo dejaría vivir. Al hablar así, es posible que tuvieran en mente a su diosa pagana de la Justicia (Dike o Themis). “Pero el sacudiendo la víbora en el fuego ningún daño padeció” (v. 5). (Recordemos lo escrito en Marcos 16:18).
Tal presencia de ánimo, así como la liberación de todo daño se debieron a la gracia de Dios, no solo para preservar la vida de su siervo, sino también para darle prestigio entre los isleños. La gente del lugar había visto otras personas mordidas por aquella misma clase de víboras, así que esperaban que Pablo se hinchase y cayere muerto de repente. “Más habiendo esperado mucho y viendo que ningún mal le venía cambiaron de perecer y dijeron que era un dios” (v. 6). Sin duda, lo dijeron entre ellos los naturales, pues si hubiese llegado a oídos de Pablo, habría tenido la misma reacción que tuvo en Listra (Hechos 14:8-18). De “homicida” a “un dios”, y en Listra de ofrecer sacrificios a “estos dioses” a ser “apedreados”, en estos sucesos queda al descubierto lo voluble del género humano tanto en “barbaros”, como en “civilizados”.
En los versos siguientes encontramos la generosidad del principal de la isla y las señales que acompañaban a Pablo. Quien les recibió llegados del naufragio, fue Publio, por la frase griega “hombre principal de la isla”, indicaría que era el gobernador romano de Malta, quien poseía muchas tierras cerca de la playa, adonde habían llegado los náufragos. No solo era rico en bienes sino también en generosidad, pues, dice Lucas “nos recibió y hospedo solícitamente tres días” (v. 7), mientras ubicaban lugar permanente para pasar el invierno (estuvieron tres meses). La bondad de este hombre no quedo sin recompensa, pues cuando el apóstol supo de la condición de su padre “estaba en cama enfermo de fiebre y de disentería” (se comprobó con los años que la fiebre gástrica era causada por un microbio que se hallaba en la leche de cabra y era muy común en la isla. La disentería casi siempre venia como resultado de una mala higiene y era una enfermedad presente casi en todo el mundo antiguo). Pablo, entró y oró por el enfermo imponiéndole las manos, le sanó. Así como Jesús recompensó a Pedro por el uso de la barca (Lucas 5:3-4), del mismo modo, Pablo recompensó a Publio ricamente por su hospitalidad. Vemos aquí el cumplimiento de dos cosas profetizadas por el Señor en Marcos 16:18 las “serpientes… no les hará daño” y “sobre los enfermos pondrán sus manos y sanaran”.
CONCLUSION: 

Pablo era un prisionero y un náufrago que llego con el resto de aquellos que estaban en la misma condición. Sin embargo, cuando vio necesidades estuvo dispuesto siempre para ser un instrumento de bendición para otros, poniéndose al servicio de su Señor, de tal manera que, no solo impuso las manos sobre el padre de Publio, quien fue sano de la fiebre y la disentería, sino que todos los de la isla que estaban enfermos venían y eran sanados (v. 9), esto ocurrió durante los tres meses que estuvieron allí. Donde quiera que nos encontremos no perdemos la condición de hijos de Dios, ni de “siervos” del Señor; así que, manos a la obra que trabajo hay para todos sus servidores.

viernes, 21 de julio de 2017

El naufragio

Lección: Hechos 27:39-44
Texto: 2 Corintios 1:9-10
Domingo 23 de Julio 2017
INTRODUCCION: 
La fe en Dios y el testimonio de los creyentes son muy importantes, pues traen consecuencias acorde a lo que los demás ven en nosotros. Julio el centurión que tenía a cargo los prisioneros que iban a Roma (Hechos 27:1), había observado la conducta y el carácter de Pablo, también su fe, y como éste había animado a los hombres en medio del temporal. Ahora están a punto de encallar y los soldados acordarían dar muerte a los prisioneros. Pablo había sido de una ayuda tremenda en ciertas decisiones tomadas en la nave; por su fe, testimonio y conducta, Julio en la presente lección decidirá soltar a los presos para salvar a Pablo.
DESARROLLO: 
El navío donde va Pablo rumbo a Roma ha sido arrastrado en medio del mar Adriático por un viento huracanado llamado Euroclidón, han pasado catorce días desde que zarparon de la isla de Creta, buscando un mejor refugio dentro de la misma, más alcanzado por este mal tiempo, están a punto de encallar. Después de haber hecho muchas maniobras para salvar la embarcación, como alijar, también arrojar los aparejos y por último, después de comer, dejando atrás el ayuno obligado, se ven en la necesidad de deshacerse del trigo arrojándolo al mar para alivianar la embarcación. Saben que están cerca de la costa por las sondas arrojadas anteriormente, solo esperan la mañana para ver si reconocen el lugar. Cuando esta llega ven una ensenada (entrada de mar en la tierra que sirve de refugio natural para las embarcaciones, es decir una bahía protegida) que tenía playa, pero no le es familiar el lugar, pero acuerdan varar allí la nave si se pudiese (v. 39). No sabían si los habitantes del lugar serian civilizados o barbaros, pero era tanto su deseo de llegar a tierra firme que eso ya no importaba.
“Cortando, pues, las anclas” (v. 40) del timón, las naves antiguas eran dirigidas por dos timones, uno de cada lado de la popa. Cuando se anclaba la popa en un temporal, era necesario levantar los timones del agua y asegurarlos debidamente y desatar las ataduras cuando se echaba de nuevo a la vela. Y viento en popa, “izaron la vela de proa” (vela trinquete) la vela de mayor provecho en tales circunstancias y cuán necesaria debió ser la tripulación para hacer estas maniobras y cuan atinada la decisión del centurión y los soldados a las advertencias de Pablo de que los marineros permaneciesen a bordo para la seguridad de todos (v. 31), y se lanzaron hacia la playa, aprovechando lo ligero que quedo el navío sin el cargamento de grano.
“Pero dando en un lugar de dos aguas” (un bajío; elevación del fondo marino generalmente de arena), allí encalló (se encajó en el fondo y quedo inmóvil) y la proa hincada, mientras la popa se deshacía al embate del oleaje. (v. 41). El buque que había capeado la tempestad en alta mar se rendía al llegar a tierra. Así también, un alma puede con la gracia de Dios resistir las más fuertes tentaciones de Satanás, pero, si su corazón se apega al mundo está perdida.
En este critico momento, “los soldados acordaron matar a los presos, para que ninguno se fugase nadando” (v. 42), sabían que el escape de sus prisioneros significaba castigo de muerte para ellos (véase Hechos 12:19; 16:25-28). Sin duda alguna, el preso Pablo (por el cual Dios los estaba salvando), también moriría. Es obvio que el centurión quedó muy impresionado con el carácter y conducta del apóstol, lo que determino el querer salvarle; “pero el centurión queriendo salvar a Pablo les impidió este intento” (v. 43). Los valientes entienden y saben apreciar la valentía de otros, “y mando que los que pudiesen nadar se echasen los primeros y saliesen a tierra”. Sin duda, los soldados siendo hombres disciplinados y entrenados para los peligros como estos, llegarían primero para vigilar a los prisioneros, los demás les siguieron unos en tablas (tomadas del barco) y otros en cualquier cosa que pudiese flotar. De esta forma todos llegaron sanos y salvos a tierra, sin embargo, como Pablo les advirtió, la embarcación se perdió por completo.
CONCLUSION:

Que importante cuando en medio de un peligro inminente se encuentran hijos de Dios, pues la bendición va con ellos y como resultado, los que están alrededor de estos también son beneficiados.
Mardoqueo es un judío justo ante los ojos de Dios que vive cautivo en medio del imperio persa, este cuando ve un complot contra el rey Asuero (Jerjes l) lo denunció a través de la reina Ester, su parienta, librando al rey. Sin embargo, cuando los judíos estuvieron en peligro de muerte (incluyendo a Mardoqueo) por causa de un enemigo poderoso que odiaba a los judíos, Dios se acordó de su fidelidad y nobleza librando a su pueblo y trayendo la paz en medio de ellos.

miércoles, 12 de julio de 2017

Animo en medio de la tormenta

Lección: Hechos 27:27-38
Texto: Lucas 12:7
Domingo 16 de Julio 2017
INTRODUCCION:
 Para los fieles son las promesas, y aunque a veces flaqueamos en nuestra fe, Dios interviene en favor de los suyos, para darnos ánimo, fortalecernos y hacernos ver que su llamamiento tiene propósitos. “Y sabemos que a los que aman a Dios todas las cosas les ayudan a bien, esto es a los que conforme a su propósito son llamados” (Romanos 8:28). En la lección anterior, vimos como Dios interviene en medio del naufragio para animar a Pablo, y en la presente lección, veremos como el apóstol ánima a los demás a comer y tener nuevas fuerzas para soportar los embates de la tormenta, pues Dios preservaría la vida de las 276 personas que van a bordo de la embarcación.
DESARROLLO:
 Recordemos que Pablo va como prisionero junto con otros, camino a Roma, por haber apelado a Cesar (usando su privilegio de ciudadano romano) ante las acusaciones de los judíos. La nave que ha abordado se encuentra en alta mar sacudida por una fuerte tempestad y vientos huracanados. En medio de los temores y pérdidas de vidas Dios ha enviado su ángel trayendo buenas noticias que ninguno de los que van en el navío perecerá, pero si la nave con todo su cargamento. Se encuentran en la decimocuarta noche en las mismas condiciones y ahora “siendo llevados a través del mar Adriático” (v. 27) (se denomina así a una parte del mar mediterráneo central entre Italia, Creta y la costa norte de África). Los marineros sospechando que estaban cerca de tierra, (quizás oían las olas rompiendo cerca de la costa) echaron la sonda (una pesa atada a una soga con la cual median la profundidad del mar), primero veinte brazas y luego más adelante quince (una braza es aproximadamente 1.83 metros). Sus sospechas eran ciertas y temiendo dar en escollos trataron de asegurar la nave echando cuatro anclas por la popa, esperando con ansias que llegase el día (v. 29). Las buenas noticias inquietaron a los marineros que procurando huir del navío arrojaron el esquife al mar aparentando largar las anclas de proa. Como Pablo anteriormente les había hablado de su encuentro con el ángel de Dios, ahora era escuchado y cual capitán les advierte, al centurión y los soldados lo peligroso que para sus vidas sería dejar cumplir las intenciones de aquellos que querían huir, lo que determino cortar y dejar perderse el bote salvavidas (esquife). De esta manera, los marineros fueron obligados a tratar de salvar sus vidas arriba de la nave, así como las vida de los demás. Cuando comenzó a amanecer Pablo reuniéndolos “les exhortaba a todos que comiesen” pues llevaban dos semanas en ayunas y en vela (v. 33), como resultado del mareo y la dificultad de preparar y preservar alimentos, los pasajeros y la tripulación habían comido poco o nada en los catorce días desde la salida de Buenos Puertos.
Les insiste y ruega que coman “por su salud” y les agrega, “pues ni aun un cabello de la cabeza de ninguno de vosotros perecerá” (v. 34), (un dicho judío común 1 Samuel 14:45; 2 Samuel 14:11; 1 Reyes 1:52; Lucas 21:18, que aludía a un concepto de protección absoluta), luego “ tomo el pan y dio gracias a Dios en presencia de todos, y partiéndolo empezó a comer” (v. 35). Cuántas veces hemos visto que hay quienes se incomodan al pedir “la bendición” delante de los inconversos, pero a menudo una oración así habla más fuerte que nuestra predicación, esta actitud de Pablo animó a los demás, de tal manera “que comieron también” (v. 36). Lucas nos dice a continuación el número de personas que iban en la nave; doscientos setenta y seis. (v. 37)
Aunque parte de la carga ya había sido abandonada (v. 18), parecería que el grano había sido conservado como lastre. Ahora que el objetivo era llevar la nave a la costa, cuanto más ligera fuera en el agua, tanto mejor. La decisión de echar el grano por la borda puede haber sido lo que ocasiono el llamado de Pablo a que la gente comiera primero.
CONCLUSION:

 Pablo, se ganó el respeto de la tripulación del barco, pues cuando salieron de Buenos Puertos, é les advirtió lo peligroso que podía ser salir de ese lugar. Desde luego no fue oído, pero al vivir la experiencia tormentosa, tardíamente le han dado la razón. Ahora prestan atención debido a la seguridad y buen ánimo que ven en el siervo del Señor, y cual capitán, toma la iniciativa, aconsejando que se tomen ciertas medidas, como que coman para enfrentar lo que viene, sabiendo de antemano que ninguno de los que van en la embarcación perecería, pues el ángel de Dios así se lo había dicho (v. 22-24).

Confianza en medio de la Tormenta

Lección: Hechos 27:13-26
Texto: Salmo 23:4
Domingo 09 de Julio 2017
INTRODUCCION: 
Los hijos de Dios fuimos llamados para salvación y para cumplir los propósitos de Dios en ese llamado, así que: por donde el Señor nos lleve o nos haga pasar, su compañía estará con nosotros (siempre y cuando confiemos en el), como dice el poeta y rey “aunque ande en valles de sombra y de muerte tu estarás conmigo”. En la presente lección, veremos arreciar la tormenta, y ver como Dios guarda y alienta a los suyos para cumplir el propósito del llamamiento de Pablo.
DESARROLLO: 
Los encargados de la tripulación de la nave alejandrina acordaron zarpar de Buenos Puertos, pues consideraban que no era un buen lugar para invernar, pero, no consideraron los peligros y riesgos que pudiera traerles la navegación. Su mira era llegar a Fenice puerto de la isla (Creta) que les daría mayor seguridad y esperar allí que llegue el tiempo en que pueda haber mejores condiciones para la navegación y seguir hasta su destino; una vez reiniciada la travesía, una brisa del sur trajo aparente calma, pero precedió a una gran tormenta. “Levaron anclas e iban costeando Creta” (v. 13), pensaban cubrir el trayecto en 4 o 5 horas (64 o 65 kilómetros de un punto a otro), todo parecía tranquilo, “pero no mucho después” (v. 14) un viento huracanado llamado Euroclidón dio con fuerza contra la nave (Euroclidón… “Euros” griego, quiere decir viento del este… “aquilón” (latín)… viento del norte), fenómeno natural temido de todos los que navegan el Mediterráneo.
Este viento comenzó a arrebatar la nave “no pudiendo poner proa al viento”, tuvieron que dejarse llevar por el huracán, ya no podrían llegar a destino, ni volver a puerto seguro. Costeando Clauda, aprovechando el pequeño resguardo que le otorgaba el islote, los navegantes recogieron con dificultades el esquife (la lancha salvavidas que a esa altura debió estar con mucha agua por la braveza del mar, de allí las dificultades de recogerlo). Además, “usaron de refuerzos para ceñir la nave”, es decir rodearon el casco cuatro o cinco veces con cables gruesos para tratar de resistir la violencia del oleaje y temiendo dar en la Sirte (golfo de la región de África célebre por sus bancos de arena y arrecifes, temidas de los marineros por la posibilidad de encallar), tanto es así que bajaron las velas quedando a la deriva (v. 17).
La furia de la tempestad en pleno desarrollo obligo al día siguiente “a alijar la nave” (deshacerse de los pertrechos y equipajes innecesarios debido a las circunstancias); pasados tres días, con las propias manos, pasajeros y tripulantes arrojaron los aparejos de la nave (conjunto de palos, vergas, jarcias y velas del buque).
“Y no apareciendo ni sol ni estrellas por muchos días (v. 20) probablemente gran parte de los catorce días (v. 27), hay que recordar que los navegantes de la época se guiaban por el sol y las estrellas, así que al no observar los cuerpos celestes era difícil saber con exactitud donde se encontraban, y acosados por esta fuerte tempestad “habíamos perdido toda esperanza de salvarnos” (v. 20). Cuan bravío era el viento y el mar que, hasta Lucas en su sinceridad piensa que todo está perdido. Sin embargo, la última palabra la tiene Dios, y él permite ciertas circunstancias adversas en sus hijos, ya que tenía planes para los creyentes que van en la embarcación, sobre todo para el gran apóstol Pablo, pues Dios le había dicho “Ten ánimo, Pablo, pues como has testificado de mí en Jerusalén, así es necesario que testifiques también en Roma” (Hechos 23:11).
Fueron varios días sin comer, indudablemente habían pasado tiempo trabajando para salvar la nave y achicando agua. El mareo, el miedo y la desesperanza probablemente les habían quitado el apetito. No había escases de alimento (v 34-38), pero tampoco ganas de comer. Fue en esas circunstancias que Pablo puesto en pie les dijo con delicadeza, no con reproche profundo “Habría sido por cierto conveniente, oh varones, haberme oído, y no zarpar de Creta tan sólo para recibir este perjuicio y pérdida” (v. 21), pero, trae esperanza ( en un momento en Buenos Puertos no fue oído), ahora de seguro todos ponen atención, y les agrega “os exhorto a tener buen ánimo”, las razones, “porque esta noche ha estado el ángel del Dios de quien soy y a quien sirvo” (v. 23) diciendo; “que no habrá perdidas de vida entre vosotros” (no dice “entre nosotros”. Pablo no se incluye, pues tenía plena certeza de que Dios le guardaría con vida), sino solamente la nave. Esta es la última de seis visiones que Pablo recibió y que registro Lucas (compárese 9:3-6; 16:9-10; 18:9-10; 22:17-18; 23:11). El ángel de Dios le confirmo lo que le había dicho en 23:11 “es necesario que testifiques también en Roma”, así que, encomia a la tripulación y prisioneros a “tener buen ánimo”.
CONCLUSION: 
Cuando hay luchas o tempestades en la vida del creyente, el ánimo es muy importante, pues en esas circunstancias es fácil bajar los brazos y llenarse de temores, por eso en la experiencia que viven en la nave azotada por estos fuertes vientos y embravecido mar, Dios sale en socorro de ellos, mandando a su ángel, trayendo el remedio al temor, al miedo y al desánimo, diciéndole: “Pablo, no temas; es necesario que comparezcas ante Cesar;… Dios te ha concedido todos los que navegan contigo” (v. 24).
En medio de la tormenta esta Dios para socorrer a los suyos. ¿Cómo está su ánimo? ¿Es muy grande su problema que Dios no puede intervenir? “No temas, porque yo te redimí; te puse nombre, mío eres tú. Cuando pases por las aguas, yo estaré contigo; y si por los ríos, no te anegaran…” (Isaías 43:1-2)

martes, 4 de julio de 2017

Un consejo desoído

Lección: Hechos 27:1-12
Texto: Jeremías 7:24
Domingo 02 de julio 2017.
INTRODUCCIÓN: 
Siempre estamos tomando decisiones, y vemos los resultados de estas, unas con buenos aciertos, otras con reveses. Muchas veces ponemos atención a gente experimentada o profesionales que parecen competentes en ciertas materias, pero no siempre los resultados son los esperados; que diferente es buscar u oír el consejo sabio de Dios o sus instrumentos, pues en ellos hay sabiduría y luz que nos traerá bendición en lo que esperamos.
DESARROLLO: 
Cuando se decidió que habíamos de navegar a Italia (v. 1); la referencia a “nosotros” marca el regreso de Lucas el médico y amigo más cercano a Pablo, quien había estado ausente desde 21:18. Es probable que hubiera vivido durante ese tiempo cerca de Cesarea para prestar ayuda al apóstol durante su detención allí. Ahora se reunía con él para viajar a Roma. Pablo y otros presos fueron entregados a un centurión llamado Julio de la compañía Augusta (una cohorte o regimiento del mismo nombre que se había estacionado en Palestina). Es probable que este centurión haya sido enviado para cumplir deberes específicos, como escoltar algunos prisioneros importantes. Se embarcaron en una nave Adramitena (de Adramicio actualmente Edremit una ciudad de Misia) en la punta noroccidental de Asia menor (actualmente Turquía). Les acompaña también, Aristarco de Tesalónica (v. 2), que ya había sido compañero de Pablo (19:29; 20:4) y lo seria en la prisión en Roma (Colosenses 4:10). Para Pablo sería un consuelo tenerles ante un viaje tan largo.
Al otro día, relata Lucas (v. 3), llegaron a Sidón a unos 112 Kilómetros de Cesarea. El centurión fue benevolente con el apóstol (es probable que fuese uno de aquellos centuriones que habrían escuchado su defensa ante Agripa (25:23) y estaría convencido de su inocencia, de allí lo amigable pues “le permitió que fuese a los amigos para que fuese atendido por ellos” (v. 3).
Haciéndose a la vela desde Sidón navegaron a sotavento de Chipre (v. 4), (Sotavento: costado de la nave opuesto al viento), como medida preventiva se mantuvieron al lado de la isla donde soplaba menos el viento, entre el continente y la isla de Chipre, frente a Cilicia y Panfilia hasta arribar a Mira, ciudad portuaria de Licia (v. 5). En este puerto, Julio embarcó a los presos a otra nave por cuanto la primera no los acercaría ya más a Italia. Esta segunda embarcación, venía desde Alejandría con un cargamento de trigo ya que Egipto abastecía de granos a Roma. Este navío era mucho más grande pues totalizaron 276 personas (v. 37-38) más la carga del cereal. Por muchos días, la navegación fue lenta debido a vientos contrarios “llegando a duras penas frente a Gnido” (v. 7), ubicado en un una península al extremo sudoeste de Asia menor. Este puerto también atendía embarcaciones de la flota de grano imperial, sin embargo, este barco no pudo seguir hacia el oeste debido a los fuertes vientos y tuvo que dirigirse a la isla de Creta, al sur costeando a sotavento de la isla, hasta llegar a Buenos Puertos cerca de la ciudad de Lasea (v. 8).
“Habiendo pasado mucho tiempo y siendo ya peligrosa la navegación”. El viaje por mar abierto era peligroso entre mediados de Septiembre y mediados de Noviembre, después de lo cual cesaba por completo hasta Febrero. Como ya había “pasado el día del ayuno”. (El día de la Expiación, conocido hoy como Yon Kipur, se observaba el día 10 de Tishri, es decir entre Septiembre y Octubre) (Levítico 23:26-32) Seguir viajando era demasiado riesgoso, por lo que Pablo les amonestaba diciendo que continuar navegando era peligroso, ya que se podía perder el cargamento y la nave, incluso la vida de las personas (v. 10).
El punto de vista de los que guiaban la embarcación y de algunos otros prevaleció; fuera del riesgo vieron la incomodidad del puerto para invernar y “la mayoría acordó zarpar” (v. 12) buscando en Fenice, puerto con mejores condiciones de resguardo (a 64 Kilómetros de distancia de Buenos Puertos) lugar al que nunca arribaron.
CONCLUSION: 

Hay veces que la cordura y el buen juicio son determinantes frente a ciertas situaciones que ponen en peligro la vida de las personas y su entorno. Si se hubiese puesto más atención a los argumentos dichos por Pablo, de quedarse a invernar en Buenos Puertos y no a la osadía del patrón de la nave y su piloto, otro quizás hubiese sido el destino de aquella nave; ya que la decisión tomada por el centurión de seguir la travesía trajo nefastas consecuencias al navío y su cargamento, y a no ser por la intervención de Dios, muchas personas hubiesen perecido (v. 22-24) como veremos más adelante.
Pedro, era un experimentado pescador, pero cuando escucho el sabio consejo de Jesús de bogar mar adentro y lanzar las redes su situación cambio. Es bueno agudizar el oído “El que tiene oído para oír oiga” y escuchar la voz de Dios.