lunes, 31 de julio de 2017

Milagros en la isla de Malta

Lección: Hechos 28:1-10
Texto: Marcos 16:17-18
Domingo 30 de Julio 2017
INTRODUCCION:
 “Y sabemos que a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien, esto es a los que conforme a su propósito son llamados” (Romanos 8:28), que verdad más cierta, y como hemos visto hasta este momento, todo lo que le ocurre a Pablo, redunda en bendiciones para otros; en la presente lección veremos que el naufragio no fue en vano, la mordedura de la serpiente tampoco, pues Dios le engrandece y le permite por medio de su poder, sanar al padre del hombre más importante de la isla y todos los enfermos que allí habían.
DESARROLLO: 
La nave que trasportaba a Pablo rumbo a Roma para ser enjuiciado allí, ha naufragado en medio de un gran temporal. La tripulación, los soldados y los prisioneros se han salvado; unos nadando, otros tomados de algún madero o algo que flotase, llegando hasta la orilla de una isla, porque Dios así lo quiso (27:24), “Estando ya a salvo supimos que la isla se llamaba Malta” (28:1). (Se conocía como (gr) Melita o Melitene o por su gran producción de miel de abejas, era parte de un pequeño archipiélago de varias islas siendo tres de ellas las más importantes y habitables, Malta, Gozo y Comino), Malta tiene unos veintisiete kilómetros de largo por catorce de ancho y está a unos cien Kilómetros al sur de Sicilia.
“Los naturales nos trataron con no poca (mucha) humanidad” (v. 2). Los griegos llamaban a los naturales de Malta (barbaros), es decir no griegos. Así les llamaban a los que no seguían las costumbres (y la lengua) de Grecia o de Roma. Tal fue la delicadeza de los habitantes de la isla que les recibieron con una fogata, sin hacer distinción entre soldados tripulantes o prisioneros, pues dice “nos recibieron a todos” bajo la lluvia y el frio de esta manera se calentaron y secaron sus ropas.
Tan acostumbrado Pablo a ayudar a los demás, se puso a recoger algunas ramas secas para avivar el fuego y “una víbora (una serpiente venenosa), huyendo del calor se le prendió en la mano” (v. 3), quizás adormecida por el frio y la lluvia, sintió el calor se reanimo y viéndose atacada incrusto sus colmillos en la mano del apóstol. Muchos escritores hacen ver que no hay víboras en Malta hoy en día, sin embargo, como es una isla pequeña sus habitantes pudieron exterminarlas con el tiempo. Cuando los nativos vieron que el ofidio mordía y colgaba de su mano dedujeron precipitadamente que este debía ser un asesino y aunque escapara ileso del mar, la justicia no lo dejaría vivir. Al hablar así, es posible que tuvieran en mente a su diosa pagana de la Justicia (Dike o Themis). “Pero el sacudiendo la víbora en el fuego ningún daño padeció” (v. 5). (Recordemos lo escrito en Marcos 16:18).
Tal presencia de ánimo, así como la liberación de todo daño se debieron a la gracia de Dios, no solo para preservar la vida de su siervo, sino también para darle prestigio entre los isleños. La gente del lugar había visto otras personas mordidas por aquella misma clase de víboras, así que esperaban que Pablo se hinchase y cayere muerto de repente. “Más habiendo esperado mucho y viendo que ningún mal le venía cambiaron de perecer y dijeron que era un dios” (v. 6). Sin duda, lo dijeron entre ellos los naturales, pues si hubiese llegado a oídos de Pablo, habría tenido la misma reacción que tuvo en Listra (Hechos 14:8-18). De “homicida” a “un dios”, y en Listra de ofrecer sacrificios a “estos dioses” a ser “apedreados”, en estos sucesos queda al descubierto lo voluble del género humano tanto en “barbaros”, como en “civilizados”.
En los versos siguientes encontramos la generosidad del principal de la isla y las señales que acompañaban a Pablo. Quien les recibió llegados del naufragio, fue Publio, por la frase griega “hombre principal de la isla”, indicaría que era el gobernador romano de Malta, quien poseía muchas tierras cerca de la playa, adonde habían llegado los náufragos. No solo era rico en bienes sino también en generosidad, pues, dice Lucas “nos recibió y hospedo solícitamente tres días” (v. 7), mientras ubicaban lugar permanente para pasar el invierno (estuvieron tres meses). La bondad de este hombre no quedo sin recompensa, pues cuando el apóstol supo de la condición de su padre “estaba en cama enfermo de fiebre y de disentería” (se comprobó con los años que la fiebre gástrica era causada por un microbio que se hallaba en la leche de cabra y era muy común en la isla. La disentería casi siempre venia como resultado de una mala higiene y era una enfermedad presente casi en todo el mundo antiguo). Pablo, entró y oró por el enfermo imponiéndole las manos, le sanó. Así como Jesús recompensó a Pedro por el uso de la barca (Lucas 5:3-4), del mismo modo, Pablo recompensó a Publio ricamente por su hospitalidad. Vemos aquí el cumplimiento de dos cosas profetizadas por el Señor en Marcos 16:18 las “serpientes… no les hará daño” y “sobre los enfermos pondrán sus manos y sanaran”.
CONCLUSION: 

Pablo era un prisionero y un náufrago que llego con el resto de aquellos que estaban en la misma condición. Sin embargo, cuando vio necesidades estuvo dispuesto siempre para ser un instrumento de bendición para otros, poniéndose al servicio de su Señor, de tal manera que, no solo impuso las manos sobre el padre de Publio, quien fue sano de la fiebre y la disentería, sino que todos los de la isla que estaban enfermos venían y eran sanados (v. 9), esto ocurrió durante los tres meses que estuvieron allí. Donde quiera que nos encontremos no perdemos la condición de hijos de Dios, ni de “siervos” del Señor; así que, manos a la obra que trabajo hay para todos sus servidores.

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