lunes, 26 de marzo de 2018

Los gentiles incluidos en el plan de salvación

Lección: Romanos 9:22-29
Texto: 1 Pedro 2:10
Domingo: 25 de marzo 2018
Introducción: 
Dios en su grande misericordia y en su plan eterno, había considerado llamar a salvación también a los gentiles. Dios con paciencia fue desarrollando su plan, soportando la maldad de los hombres y la incredulidad de gran parte de su pueblo Israel hasta la venida del Mesías que fue muerto en la cruz y resucitado al tercer día para esperanza también de los gentiles.
Desarrollo: 
V.22-23 En estos versículos se muestra que siendo los seres humanos vasos de barro en las manos de Dios, no obstante no están desprovistos de voluntad y de elección propia. Se nos dice que Dios soportó con mucha paciencia a los “vasos de ira preparados para destrucción”, no por un decreto absoluto y eterno de reprobación personal por parte de Dios, sino, por la propia obstinación y voluntad del hombre, a pesar del llamamiento de Dios al arrepentimiento, por eso, dice que Dios muestra en ellos su ira y su poder, porque no quisieron arrepentirse. Son los impíos quienes se preparan para el infierno. En cambio,” los vasos de misericordia fueron preparados de antemano para gloria”, esto es “para hacer notorias las riquezas de su gloria”. Los salvos son preparados por Dios para el cielo y en ellos manifiesta su gloria, su misericordia y sus dones.
V.24 Estos vasos de “misericordia” que él “preparó de antemano” (en la eternidad), llegado el tiempo de cada uno de ellos, los llamó por medio del Evangelio de Jesucristo (Romanos 10:14-16) Estos llamados, son los cristianos tanto así del judaísmo como de la gentilidad. Esta llamada está, sin duda, conectada de algún modo, con el llamamiento que Pablo mencionó en Romanos 8:28-30. Y este llamamiento nada tiene que ver con méritos u obra humanas sino, por la pura gracia de Dios. Dios llama por igual a judíos como a gentiles, no habiendo entre ellos ninguna superioridad ante la presencia de Dios.
V.25-26 Aunque estas profecías estaban destinadas a Israel y a su restauración al final de los tiempos, Pablo por la inspiración del Espíritu Santo la aplica igualmente a los gentiles. También el apóstol Pedro hace lo mismo (1 Pedro 2:10), aplicándolo a los gentiles.
Con esta citas de Oseas y con otras más (Salmo 18:49; Deuteronomio 32:43; Salmo 117:1; Isaías 11:10) Pablo, confirma la voluntad de Dios en el pasado de incluir a los gentiles para salvación. ¡Que hermoso es saber que Dios nos tenía en su corazón!
V.27-29 En estas citas tomadas del profeta Isaías (10:22-23; 28:22; y 1:9 respectivamente) las usa para mostrar la misericordia de Dios con Israel al reservarse un remanente. En Isaías 10:22-23 lo aplica para demostrar que de toda la nación de Israel, solo quedaría un remanente. Dios desechó a la mayoría de los descendiente de Abraham según la carne, a causa de su incredulidad, pero siempre hay un remanente de judíos fieles que le han creído a Dios, y en ellos Dios cumplirá las promesas hechas a Abraham (Génesis 12 al 22) y a David (2 Samuel 7:12-17; Jeremías 23:5; Salmo 89:3-4, etc.)
También, Pablo, en estos versículos se refiere a los pocos judíos que creyeron al Evangelio y recibieron al Mesías.
V.29 En este versículo Pablo refuerza la idea del remanente que Jehová se reservaba. De no haberlo hecho Dios, hubieran sido todos destruidos como Sodoma y Gomorra. En esto Dios mostró no solo su misericordia, sino, también su poder y fidelidad, en cuanto a, cumplir sus promesas hechas a los padres de este pueblo, como ya lo hemos visto en el párrafo anterior.
Conclusión: 

Dios opera según sus designios, y dentro de ellos estaba el pueblo gentil para ser llamado a creer en Jesucristo, sin dejar de lado a los judíos, aunque estos en muy poco número. Hoy en día hay aún judíos que han creído en Cristo como su Mesías. Oremos por ellos para que logren alcanzar a otros para Cristo.

jueves, 15 de marzo de 2018

La absoluta soberanía de Dios

Lección: Romanos: 9:14-21
Texto: Salmo 115:3
Domingo 18 de marzo 2018
Introducción:
 Que fácil le es al hombre natural criticar a Dios de injusto o parcial. Pero, peor aun cuando cristianos critican a Dios, sin conocer los planes de él, desconociendo que Dios es soberano para llevar adelante su voluntad. Nos olvidamos que él es justo, misericordioso y lleno de amor, y que todo lo que hace es bueno y redunda para su santa gloria. Pablo a continuación tratará de la justicia de Dios en todo su proceder.
Desarrollo: 
V.14-16 A lo que Pablo acaba de decir en el estudio anterior, respecto de la elección que él hace soberanamente, alguien podría argüir “¿Qué pues, diremos? ¿Qué hay injusticia en Dios?”. Son frases parecidas a las de 4:1; 6:1,15; 7:7 y, responde de la misma forma “¡En ninguna manera!”. Pasa ahora Pablo a fundamentar su respuesta a aquellos que dicen que hay injusticia en Dios.
Con respecto a aquellos a quienes Dios muestra un especial favor: “tendré misericordia del que yo tenga misericordia, y me compadeceré del que yo me compadezca…” (v.15-16) Pablo, señala que Dios es absolutamente soberano para escoger a aquellos que llevarán a cabo el plan y los propósitos de Dios. Si Dios no fuese libre para mostrar su misericordia, nadie sería bendecido, porque nadie merece su gracia, y esta no puede ser ganada con nada. “Así que no depende del que quiere, ni del que corre, sino de Dios que tiene misericordia”.
De esto se puede deducir que la elección que hace Dios de individuos, no depende de actitudes ni de acciones humanas, sino del propósito santo, sabio y eterno del Dios de toda misericordia, que actúa soberanamente, pero no arbitrariamente. En realidad ni el deseo del hombre por Dios ni el esfuerzo que se haga por hallarlo tiene resultado sin la previa intervención de la gracia salvífica de Dios.
V.17-18 Ahora, con respecto a los que son rechazados por Dios o dejados de lado, Pablo da el ejemplo de Faraón (Éxodo 9:16), del cual dice Dios “Para esto mismo te he levantado, para mostrar en ti mi poder, y que mi nombre sea anunciado en toda la tierra”, en otras palabras, Dios lo puso en el trono de Egipto a fin de que, mediante su actuación ya prevista por Dios, se hiciese famoso el nombre de Jehová, al sacar con mano poderosa a Israel de Egipto. En cuanto al “endurecimiento” del corazón de Faraón, al leer los capítulos 7 al 10 de Éxodo, vemos que se repite numerosas veces la frase “el corazón de Faraón se endureció “o “Faraón endureció su corazón” hasta que, tras la octava plaga (Éxodo 10:20), leemos, “Pero Jehová endureció el corazón de Faraón”.
Aquí podemos ver que no se trata de un acto directo por parte de Dios, sino que, tras la porfía y la soberbia de Faraón, Dios ejecuta su proceso judicial con entera justicia endureciendo su corazón definitivamente. “De manera que de quien quiere, tiene misericordia, y al que quiere endurecer endurece”. Dios escoge a quien él quiera, como fue el caso de Isaac sobre Ismael y de Jacob por sobre Esaú y endurece el corazón de aquellos que por su propia voluntad ya lo habían endurecido antes rechazando la palabra de Dios como fue el caso de Faraón.
V.19-21 Pablo, crea una nueva objeción: “¿Por qué, pues, inculpa? Porque ¿quién ha resistido a su voluntad? Como si dijera “de un modo u otro Dios igual hace su voluntad y lleva adelante sus propósitos”. ¿No será injusto Dios al reprocharnos de cosas que él mismo se ha propuesto hacer en nosotros?, ¿Dónde se halla la culpabilidad del hombre? Pablo, responde con una llamada a la prudencia y al respeto a Dios, ¿Quién eres tú para que alterques con Dios? Y pone como ejemplo al alfarero, así como el alfarero, de la misma masa de arcilla, modela vasos y otros objetos para diversos usos, así también Dios es soberanamente libre en el modo de conducirse con la humanidad. Todo lo que él hace, lo hace para la gloria de su Nombre, lo hace en justicia y con propósitos santos. Si un alfarero puede hacer lo que desee con sus vasijas, ciertamente Dios puede hacerlo con las suyas.
Conclusión: 

Nosotros como creyentes y acreedores de la misericordia de Dios, debemos sumisamente aceptar los procedimientos y voluntad de Dios para con nuestras vidas y para con el mundo entero. Todo lo que Dios hace es bueno, porque él es bueno. No entremos a discutir con él o pedirle explicaciones, nuestra mente es finita y la de él es infinita. Démosle siempre a él la gloria y la alabanza.

lunes, 12 de marzo de 2018

Los verdaderos israelitas

Lección: Romanos 9:6-13
Texto: Gálatas 3:29
Domingo 11 de marzo 2018
Introducción: 

Tanta gente hay en el mundo que confían en ellos mismos para llegar al cielo. Nada terrenal nos asegura salvación, ni apellido, ni linaje, ni la religión, etc. Todo eso es falsa confianza. No por ser descendientes de cristianos están seguros de ser salvos. Solo Cristo salva a aquellos que ponen su fe en su Nombre y descansan en su perfecta obra realizada en la cruz.

Desarrollo: 

V.6 La incredulidad parcial y provisional de Israel con respecto al Evangelio, no invalidó las promesas de Dios a los patriarcas. Cualquiera podría preguntarse al ver que Israel rechazó al mesías y el Evangelio ¿habrá fallado la palabra de Dios? Pablo responde categóricamente: “No que la palabra de Dios haya fallado”. No se puede atribuir ninguna falta de eficacia a la Palabra de Dios. Nada de lo que Dios ha dicho cae ni puede caer en tierra (Isaías 55:10-11) Pablo se refiere especialmente a las promesas de Dios hechas a los patriarcas, que para un cristiano quisquilloso podrían parecer dudosas al ver a Israel rechazar a su Mesías. Pero lo cierto es que las promesas no pueden ser más seguras.
En Génesis 12 Dios prometió a Abraham, que él sería padre de una gran nación (los judíos), que los judíos poseerían una tierra, la nación sería bendecida sobre las demás naciones, y todas las naciones serían bendecidas de Israel, “en ti serán benditas todas las naciones de la tierra”. Así que, desde el principio, Dios reveló que Israel sería su pueblo elegido en la tierra. Y estas y otras promesas fueron ratificadas a Isaac, después a Jacob y también, al rey David.
Ahora bien la dificultad que aquí se ofrece está en ver la compatibilidad del rechazo de los judíos incrédulos con la fidelidad de la promesa de Dios. Para ello Pablo se sirve de la historia, cuando fue hecha la promesa a Abraham. Obsérvese también que el texto dice: “que no todos…” los que constituyen la entidad llamada Israel, ellos son Israel. Eso significa que hay un número que pertenece a esa entidad de Israel que sí es Israel. De modo que la palabra de Dios no ha fallado, porque las promesas de Dios tienen su cumplimiento seguro en un segmento de Israel.
V.7-13 Así como Abraham tuvo dos hijos, Ismael e Isaac, no eran contados por hijos de Abraham los descendientes de Ismael, aunque eran simiente de Abraham, sino, los descendientes de Isaac, porque en Isaac fue hecha la promesa a Abraham; así también, aunque todos los del pueblo hebreo eran simiente de Abraham según la carne, no son tomados en cuenta como simiente de Abraham, sino, los que creen a la promesa de Dios en el Evangelio, así como Abraham creyó la promesa de Dios en Isaac. Solo los judíos que creen en Cristo son simiente de Abraham.
Cuando Dios les dijo a Abraham y a su descendencia que sería su Dios, no quiso decir que hubiese de serlo para toda su descendencia según la carne, sino, con ciertas limitaciones. Así como desde el principio, la promesa fue aplicada a Isaac y no a Ismael, a Jacob y no a Esaú y, con todo eso la palabra de Dios no resultó fallida, así también ahora la misma promesa se aplica a los judíos creyentes que reciben a Cristo, y, aunque quedan excluidas multitudes de judíos que rechazan a Cristo, no por eso queda sin efecto la promesa.
“Porque no todos los que descienden de Israel son israelitas, ni por ser descendientes de Abraham, son todos hijos; sino: En Isaac te será llamada descendencia. Esto es: no los que son hijos según la carne son los hijos de Dios, sino los que son hijos según la promesa son contados como descendientes”.
Así como Isaac nació por promesa de Dios, es decir, de forma milagrosa, por cuanto ni Abraham ni Sara podían ya tener hijo. Así también, son hijos de Abraham, y por ende hijos de Dios, todos aquellos ya sean judíos o gentiles que han nacidos milagrosamente, es decir, nacidos de “nuevo” por la gracia de Dios, mediante la fe en Jesucristo.
Por tanto, las promesas de Dios hechas a los patriarcas, se habrán de cumplir en aquellos judíos que tengan fe en Cristo Jesús, es decir, el remanente fiel, en aquellos que Dios haya escogido soberanamente.

Conclusión: 

La Palabra y las promesas de Dios se cumplirán fielmente, pues Dios no miente, él es inmutable (Hebreos 6:18), y todo lo prometido a los patriarcas, vale decir a Abraham, Isaac, Jacob, y también a David, Dios lo cumplirá en aquellos judíos que él escogerá para salvación, y que pondrán su fe en Cristo y creerán a sus promesas. Así también, a nosotros, Dios ha cumplido y seguirá cumpliendo sus promesas que él tiene para los que por la gracia de Dios hemos sido elegidos para salvación.