jueves, 21 de junio de 2018

Los débiles en la fe


Lección: Romanos 14:1-12
Texto: Colosenses 2:16-17
Domingo 24 de junio 2018
INTRODUCCIÓN: 
La diversidad de la iglesia refleja el poder de Cristo para llevar personas bastante dispares a la unidad espiritual verdadera. No obstante, en muchos casos Satanás, trabaja en la carne no redimida del hombre, para crear división y amenazar esa unidad. Tal amenaza a la unidad que Pablo trata en este pasaje, surge cada vez que creyentes maduros (fuertes), tanto judíos como gentiles, entran en conflicto con creyentes inmaduros (débiles). Los creyentes judíos fuertes entendieron su libertad en Cristo y se dieron cuenta de que los requisitos ceremoniales de la ley ya no eran obligatorios para ellos, los gentiles entendieron que los ídolos no son dioses reales y por ende, ellos podían comer carne que hubiera sido ofrecida a ellos. En ambos casos la conciencia de los hermanos más débiles fue perturbada y ellos llegaron a sentirse tentados de violar su propia conciencia, algo muy malo que un creyente nunca debe habituarse a hacer. Pablo sabía que los judíos y gentiles maduros eran capaces de entender estas luchas y por eso dirigió sus comentarios a ellos en primera instancia.
DESARROLLO: 
En el v.1 Pablo hace un llamado a “Recibid al débil en la fe, pero no para contender sobre opiniones”. Un cristiano débil es aquel que tiene escrúpulos sin fundamento acerca de cuestiones de importancia secundaria. En este contexto, se trataba a menudo de un judío que tenía aun recelos (escrúpulos) acerca de comer alimentos impuros o de trabajar en día sábado. Por otro lado, los de extracción gentil que habían sido criados en el paganismo con todos sus rituales, sentía que cualquier contacto con algo que lo relacionara aun de forma remota con su pasado, incluido el consumo de alimentos que hubiesen sido ofrecido a alguna deidad, lo manchaba por completo de pecado. Ambos tipos de creyentes, tenían conciencias muy sensibles en esta área, por lo tanto, como primer principio deben ser acogidos con amor, y no con la idea de involucrarlos en disputas acerca de sus excesivos escrúpulos.
“El que come no menosprecie al que come” (v.3) Como segundo principio, es que debiera haber mutua tolerancia. El cristiano maduro (el que come de todo), no ha de menospreciar a su hermano más débil (el que no come carne para no contaminarse). Tampoco, debiera el más débil “juzgar” como pecador a quien disfruta con jamón, langosta o algún tipo de pescado sin escamas, pues “Dios le ha recibido”. Es su familia, como miembro en buena posición.
“¿Tú quién eres que…? (v.4) El tercer principio es, que cada creyente es “criado” del Señor, y que no tenemos derecho de sentarnos en juicio, como si nosotros fuésemos los amos. Es delante del “propio señor” que cada uno queda aprobado o desaprobado en su servicio (para su señor está en pie, o cae), pero “poderoso es el Señor para hacerle estar en pie”. ¡Como necesitamos todos los creyentes aprender esta lección! La crítica del hermano es uno de los mayores y peores problemas en nuestras congregaciones. Lo peor de todo, que suele hacerse a espaldas del criticado.
“Uno hace diferencia entre día y día…” (V.5), mientras que “otro”, el fuerte (ver Colosenses 2:16), juzga iguales todos los días. Aunque ya no era algo requerido por Dios, el creyente judío se sentía en la obligación de observar el día de reposo, y otros días especiales asociados con el judaísmo (compárese con Gálatas 4:9-10; Colosenses 2:16-17). Alguien pudiese preguntar ¿y que del Domingo? ¿Acaso no es especial para nosotros? Solo un pequeño comentario. El Nuevo Testamento dice, que el primer día de la semana para el judío (Domingo para nosotros), fue el día de la resurrección (Lucas 24:1-9), durante los dos domingos siguientes, Jesús se encontró con sus discípulos (Juan 20:19, 26). El Espíritu Santo, fue dado en día de Pentecostés que fue el primer día de la semana, Pablo instruyo a los corintios que tomasen las ofrendas cada primer día de la semana (1 Corintios 16:1-2). De modo que que el día del Señor se destaca en el Nuevo Testamento de forma especial. Además, en ninguna parte del Nuevo Testamento, se les dice a los cristianos que guarden el sábado, mas también se reconoce el principio de trabajar seis días y tener uno de descanso de las faenas diarias. “Cada uno esté plenamente convencido en su mente”. Cada cristiano debe seguir los dictados de su propia conciencia en asuntos que no sean objeto de prohibiciones o mandatos directos en las Escrituras.
“El que hace caso del día, lo hace para el Señor; y…El que come para el Señor come… y el que no come, para el Señor no come, y da gracias a Dios” (v.6). El creyente fuerte come lo que le place, y agradece al Señor. El hermano débil, come de acuerdo con su dieta ceremonial, y agradece al Señor que pudo hacer ese sacrificio por su causa. En ambos casos, se “da gracias a Dios”, así que, ¿Por qué debería hacerse de esto causa de contienda y conflicto?.
“Porque ninguno… vive para sí… muere para sí” (v.7). El enfoque de la vida cristiana, nunca es uno mismo, porque todo lo que hacemos, debe tener propósitos de agradar a nuestro Señor. “Pues si vivimos… y si morimos… del Señor somos” (v.8). Cuanto hagamos en la vida queda sujeto al escrutinio y aprobación de Cristo. Ponemos las cosas a prueba por como aparecen en presencia de él. Aun en la muerte, aspiramos a glorificar al Señor, al ir a estar con él. A él pertenecemos tanto en vida como en muerte.
“Porque Cristo para esto murió… para ser Señor así de los muertos como de los que viven” (v.9). Cristo murió no solo para hacernos libres del pecado, sino, para someternos como siervos a él mismo (6:22), para establecerse como Señor soberano sobre los santos que están en su presencia y los que siguen sobre la tierra (Comparar con Filipenses 2:11; 1 Timoteo 6:15; Apocalipsis 17:14; 19:16)
“Pero tu ¿Por qué juzgas a tu hermano?…Porque todos compareceremos ante el tribunal de Cristo” (v.10). Cada creyente rendirá cuentas de sí mismo, y el Señor juzgará las decisiones tomadas, incluidas todas las relacionadas con asuntos de conciencia. Ese veredicto es el único que importa (1 Corintios 4:1-5; 2 Corintios 5:9-10) Por lo tanto, tiene que ver con un juicio con el servicio del creyente, no con pecados y recibir recompensas y no debe confundirse con el juicio de las Naciones Gentiles (Mateo 25:31-46), ni con el Juicio del Gran Trono Blanco (Apocalipsis 20:11-15). Este último es el juicio final de todos los muertos sin Cristo. En el versículo 11, la certidumbre de nuestra comparecencia ante El tribunal (bema) de Cristo, queda reforzada por la cita de Isaías 43:23 “ante mí se doblará toda rodilla” (ver Filipenses 2:10-11). “De manera que cada uno de nosotros dará a Dios cuenta de si” (v.12). Al ser Cristo el único (ver Juan 5:22, 27) que ha de juzgar a cada uno de sus siervos, no nos pertenece a nosotros juzgar a ningún hermano, ya que, en el tribunal del Señor, daremos cuenta de nuestro servicio.
CONCLUSIÓN: 
Cada creyente, debe atender los dictados de su propia conciencia, puesto que ella es un mecanismo dado por Dios para darnos advertencias, de tal manera que podamos reaccionar, y sopesar nuestras palabras, para no emitir juicios sobre cosas y cuestiones secundarias, que pongan en peligro la comunión con nuestros hermanos, por quien Cristo dio su vida, para darles una salvación tan grande como a nosotros.

viernes, 15 de junio de 2018

Se acerca el día


Lección: Romanos 13:8-14
Texto: Colosenses 3:12
Domingo 17 de junio 2018
INTRODUCCIÓN: 
Vivimos en un mundo muy desarrollado, tal es así que la tecnología ha invadido todas las áreas del quehacer humano. Hoy las comunicaciones son vertiginosas y nos mantienen informados del más mínimo detalle, sin embargo, el hombre se llena de conocimiento y cada día se distancia más y más de Dios, de tal manera que muchos le niegan; además el humanismo con todas sus corrientes de pensamientos han dejado de lado al Creador de todas las cosas. El tiempo del retorno del Señor es inminente. Los creyentes tenemos una deuda y es extender el reino… ¿de qué manera?; el amor no hace mal al prójimo, si tratamos a los demás (creyentes y no creyentes), con el mismo cuidado que tenemos para nosotros mismos, estaremos cumpliendo la ley de Dios. Queda poco tiempo, aprovechémoslo dejando de lado las cosas que nos atan a este mundo, y renunciando a los deseos engañosos del corazón.
DESARROLLO: 
El apóstol exhorta a los creyentes de Roma (y a todos los creyentes de todos los tiempos), a no deber nada a nadie “No debáis a nadie nada (v.8), es decir, a no dejar ninguna deuda (de cualquier clase) sin cancelar. Encontramos en la Biblia que no es prohibición el préstamo de dinero, es permitido y regulado (Ver Éxodo 22:25; Levítico 25:35–37; Deuteronomio 17:7–9; Mateo 5:42), el punto es que deben pagarse en los termino acordados (Deuteronomio 23:19-21); Por lo tanto, debemos afrontar todas nuestras deudas, pero hay una deuda que nunca podemos cancelar; la del amor ágape.
¿Por qué el amor se considera una deuda? Estamos en permanente deuda con Cristo, por su amor sin límites derramado en nuestro favor. La única forma en que podemos empezar a pagar la deuda es amando a otros. Ya que el amor de Cristo, siempre será infinitamente superior al nuestro, tenemos la obligación de amar a nuestro prójimo. “Porque el que ama al prójimo cumplió la ley” (v.8b). Un intérprete de la ley le pregunto a Jesús ¿Cuál es el gran mandamiento de la ley?, Jesús respondió “Amaras al Señor tu Dios con todo tu corazón…” Mateo 22:36-40 (Comparar con Juan 13:34; Gálatas 5:14; Colosenses 3:14).
Para demostrar que el amor es el cumplimiento de la ley, Pablo, cita algunos mandamientos que tienen que ver con las relaciones humanas, y que prohíben actos de desamor contra nuestro prójimo que son: “No adulterarás, no matarás, no hurtarás, no dirás falso testimonio, no codiciarás” (v.9). El amor no explota el cuerpo de otra persona; lo hace la inmoralidad. El amor no arrebata la vida de otra persona; lo hace el asesinato. El amor no hurta la propiedad de otra persona; lo hace el robo. El amor no niega la justicia a otros; lo hace el falso testimonio. El amor no abriga deseos torcidos por las posesiones de otra persona; lo hace la codicia.
“Y cualquier otro mandamiento, en esta sentencia se resume: Amarás a tu prójimo como a ti mismo” (v.9b). En el fondo debemos tratar a los demás con la misma manera, consideración y afecto con que nos tratamos a nosotros mismos. Al decir “El amor no hace mal al prójimo” (v.10) (ver 1 Corintios 13:4-6), el apóstol quiere dar a entender que no basta con no hacerle mal, para estar seguros de que ya le amamos; por eso vuelve a insistir, “que el cumplimiento de la ley es el amor” (v.10b). (Mateo 22:39-40; Santiago 2:8-9)
En el versículo 11 Pablo pasa ahora a recordarnos que no solo debemos amar a nuestro prójimo como a nosotros mismos, porque está escrito, sino también, porque el tiempo apremia, es breve “Y esto conociendo el tiempo que es ya hora de levantarnos del sueño” (v.11). De la apatía y letargo espiritual deben sacudirse los creyente en Jesus, “porque ahora está más cerca de nosotros nuestra salvación que cuando creímos” (v.11b). (Hay que recordar que Pablo esperaba el retorno del Señor en su tiempo (1 Tesalonicenses 4:13-17). La dispensación de la Gracia está llegando a su fin. Está claro que el apóstol se refiere a la segunda venida, seremos glorificados al regreso de Jesús (ver 8:22-23), el cual se aproxima cada día que pasa.
“La noche está avanzada, y se acerca el día” (v.12). La noche se refiere al tiempo presente de maldad y tinieblas. El día alude al regreso de Cristo (1 Tesalonicenses 5:4-6). “Desechemos, pues las obras de las tinieblas (1 Juan 2:8, Efesios 5:11; 1 Tesalonicenses 5:8). “Y vistámonos las armas de la luz”, la protección que suministra la justicia que se vive en la práctica. “Andemos como de día”. Por medio de vivir una vida que agrada a Dios, y al manifestar en nuestra conducta exterior la realidad interna de una vida redimida (compárese con Romanos 6:4; 8:4 Gálatas 5:16, 25; Efesios 2:10). ¿Qué tiene que ver un cristiano con fiestas desenfrenadas, borracheras, orgias, viles excesos o siquiera con la maledicencia o la envidia? Nada.
El remedio radical contra estos vicios es, vestirse de Cristo como lo dice el v.14 “Vestíos del Señor Jesucristo”. El verbo vestirse significa, ponerse ropas o ataviarse. Debemos vestirnos de Cristo, es decir de su carácter su forma de vida (santificación), vivir como él vivió y aceptarlo como nuestro guía y ejemplo (Efesios 4:20-24). “y no proveáis para los deseos de la carne” (V.14b). La carne, aquí es la vieja y corrompida naturaleza que clama incesantemente para ser regaloneada, con comodidades, lujos, disfrutes ilícitos y otras cosas semejantes (ver Romanos 7:5-6; Gálatas 5:17; Efesios 2:3)
CONCLUSIÓN: 
Pablo creía en el inminente regreso del Señor para trasladar a los fieles de su iglesia al cielo, un acontecimiento que él estaba convencido de que podía suceder aun en su generación. Cristo advirtió que el regresaría en un momento en que los fieles estuvieran seguros de que no vendría (ver Mateo 24:42, 44). Por eso, los hijos de Dios, siempre deben estar espiritualmente preparado ya que el día se acerca para irnos a su gloria.

lunes, 11 de junio de 2018

El creyente y las autoridades de este mundo

Lección: Romanos 13:1-7
Texto: 1 Pedro 2:13-14
Domingo 10 de junio 2018
INTRODUCCIÓN:
Una de las maneras que Dios tiene para ejecutar su ira, juicio y venganza sobre los malhechores, es por medio del gobierno humano (así tenemos la conexión entre la última parte del capítulo 12 y la primera del capítulo 13). Dios delego autoridad al gobierno humano después del Diluvio del Génesis. Esto se ve especialmente en que Dios otorgó al hombre el derecho de castigar a los malvados sobre todo a los asesinos (Génesis 9:6). Esta misma verdad comienza a ser presentada en este capítulo 13.
DESARROLLO: 
Comienza este capítulo con un llamado a respetar a todas las autoridades, “Sométase toda persona a las autoridades superiores” (v.1a). “Sométase”, esta palabra griega se empleaba con frecuencia para aludir a la obediencia absoluta de un soldado a sus superiores, es estar bajo jerarquía, estar en sujeción, ser obediente (ver Tito 3:1). “Autoridades superiores”. Las aquí mencionadas son sin duda alguna, los que gobiernan en cada Estado, civiles, judiciales y militares (desde el rey o presidente hasta el alcalde del lugar) hay que obedecerles en todo lo que no se oponga a la ley de Dios, pues, él es la máxima autoridad, él está por sobre todo gobernante. El Señor Jesús lo dijo claramente en Juan 19:11 “Respondió, Jesús: “Ninguna autoridad tendrías contra mí, sino te fuese dado de arriba…” (Ver también Daniel 4:17, 25, 32; 2 Crónicas 20:6; Salmo 75:7): Por lo tanto, “las que hay por Dios han sido establecidas”, es decir, ordenadas, designadas. Su propósito al instituir el gobierno humano fue recompensar el bien y restringir el pecado en un mundo malo y caído. No debemos resistir a lo ordenado por Dios, para no “acarrear condenación” (v.2), en este caso juicio o castigo del gobierno por trasgredir la ley.
“Porque los magistrados (gobernantes) no están para infundir temor al que hace el bien, sino al malo” (v.3). Como regla general, los que hacen lo bueno no tienen por qué temer a las autoridades. Es solo aquellos que quebrantan la ley que han de temer al castigo. De modo que si uno quiere gozar de una vida libre de multas, penalizaciones, juicios y cárcel, lo que ha de hacer es ser respetuosos con las leyes. Entonces, ganará la aprobación de las autoridades, no su censura. (1 Pedro 2:13-14).
Pablo, añade que el gobernante “es servidor de Dios para tu bien” (v.4a), puede no conocer a Dios personalmente, pero sigue siendo oficialmente el hombre del Señor. Así David se refirió una y otra vez al malvado rey Saúl como el ungido del Señor (1 Samuel 24:6, 10; 26:9, 11, 16, 23). A pesar de los repetidos atentados de Saúl contra la vida de David, el último no quería dejar que sus hombres dañasen al rey. ¿Por qué no? Porque Saúl era el rey, y como tal era el hombre designado por Dios. Como siervos de Dios se espera de los gobernantes que impulsen el bien del pueblo. Su seguridad, tranquilidad y bienestar general. Si alguien insiste en quebrantar la ley, puede esperar pagar por ello, porque el gobierno tiene la autoridad para llevarlo a juicio y castigarlo. “No en vano lleva la espada” (v.4b), esto simboliza el derecho del gobierno para infligir el castigo sobre los malhechores, y de forma específica la pena capital (Génesis 9:6; compárese con Mateo 26:52; Hechos 25:11). “Para castigar” (v.4c), no se trata aquí dela ira de Dios, sino del castigo infligido por las autoridades civiles.
“Por lo cual es necesario estar sujetos, no solamente por razón del castigo sino también por causa de la conciencia” (v.5). Esto significa que debiéramos ser súbditos obedientes al gobierno por dos razones: el temor a Dios y el deseo de mantener una buena conciencia. Al quebrantar alguna ley, somos sancionados o castigados (“vengador para castigar al malo” v.4), al infractor. Si las autoridades eliminan el castigo, también eliminan el temor y no hay freno para el delito (Lamentablemente hoy hay muchos prevaricadores). Un cristiano debe tener su conciencia limpia… con mayor razón debemos cumplir nuestras obligaciones frente a un estado de derecho. Sin embargo, la Biblia enseña que no siempre debemos someternos; veamos dos casos: Uno, en Daniel capítulo 6, cuando se le dijo que no “orara” a su Dios. Dos, los primeros cristianos que se les pide que no prediquen… en esos casos las autoridades se introducen en el “campo de Dios”. Cuando hay conflictos es mejor seguir la enseñanza de Dios, que dice en Hechos 5:29 “Es necesario obedecer a Dios antes que a los hombres”... Otros dos casos de desobediencia a la autoridad: Las parteras hebreas (Éxodo 1:15-17). Los magos que no siguieron las sugerencias de Herodes (Mateo 2:8, 12, 16).
Como resultado de la necesidad de tener gobernantes, leyes y gobiernos organizados, existe también la necesidad de los tributos e impuestos que cada ciudadano debe pagar; por esto enseñó Cristo a “Dad pues a Cesar lo que es de Cesar, y a Dios lo que es de Dios (Mateo 22:21). También, Dios exige que mostremos respeto sincero y mantengamos una actitud genuina de alta estima hacia todos los funcionarios públicos (v. 6-7).
CONCLUSIÓN: 

Los creyentes somos ciudadanos del cielo (Filipenses 3:20), esto no nos exime de responsabilidades ante el gobierno humano. Hemos de someternos, pagar tributos sobre ingresos, propiedades inmobiliarias cuando la situación lo amerite. También pagar impuestos, respetar a los encargados de aplicar las leyes, y hemos de dar honor a los nombres y cargos de todos los que están puestos en autoridad. Esta escrito “Por causa del Señor someteos a toda institución humana, ya sea al rey, como a superior ya a los gobernantes, como por el enviados para castigo de los malhechores y alabanza de los que hacen bien (1 Pedro 2:13-14).

lunes, 4 de junio de 2018

Deberes cristianos

Lección: Romanos 12:16-21
Texto: 1 Pedro 3:8-9
Domingo 03 de junio 2018
INTRODUCCIÓN: 
Entre creyentes, debiera haber unanimidad, y para aquello necesitamos revestirnos de humildad, para considerar a los otros como superiores a nosotros mismos, así mantendremos la buena comunión, y en cuanto a las demás personas, Pablo, nos invita a mantener dentro de lo posible, la paz con todos. Si amamos a alguien de la misma manera que Cristo nos ama, estaremos dispuestos a perdonar. Si hemos experimentado la gracia del Señor, anhelaremos que otros también la alcancen y disfruten. Tenemos una gran tarea por delante, mostrar el carácter de Cristo en nuestro accionar, aun con nuestros enemigos.
DESARROLLO: 
Continuando con los deberes cristianos, Pablo les pide a los romanos que tengan unanimidad entre ellos (v.16), es decir, ser de un mismo sentir unos con otros, desde luego esto no significa uniformidad de pensamientos, sino ser del mismo pensar y sentir en Cristo. No solo unánimes, también no ser altivos ni petulantes, más bien “asociándoos con los humildes” (v.16b), pues Dios resiste a los soberbios y da gracia a los humildes (1 Pedro 5:5), eso nos llevara a no “ser sabios en nuestra propia opinión” (v.16c, también Proverbios 3:7; Proverbios 26:12; Isaías 5:21).
El versículo 17 nos dice “no paguéis a nadie mal por mal”, es una práctica común entre la gente que no conoce a Dios, pagar mal por mal, pero no así los redimidos, no podemos desquitarnos, “ni pagar con la misma moneda”, en vez de ello, deberíamos actuar de una forma honrosa ante los insultos u ofensas (Mateo 5:38–48; Lucas 6:27; Proverbios 24:29; 1 Tesalonicenses 5:15), “procurando lo bueno delante de todos los hombres” (v.17). El termino procurad significa “pensar en”, “tomar en consideración”… lo bueno (lo honesto, moral, noble, loable) delante de todos (ver Proverbios 3:4; 2 Corintios 8: 21).
En el versículo 18 encontramos el siguiente llamado; “Si es posible en cuanto dependa de vosotros estad en paz con todo los hombres”, esto implica que no siempre es posible. “En cuanto dependa de vosotros” (si está a nuestro alcance), La paz es una avenida en ambos sentidos. Debemos poner de nuestra parte para vivir pacíficamente, pero no tenemos control sobre la conducta de otros; alguien dijo “Yo puedo tener una bola de nieve, y otra persona también, yo puedo escoger no lanzarle la mía, pero no puedo controlar lo que el hará con la suya”. El punto de Pablo es este: La alteración de la paz nunca debería ser iniciada por el cristiano, no deberíamos como creyentes quebrar la paz. Debemos vivir en paz, vivir pacíficamente. El Nuevo Testamento, nos invita a “seguir la paz”, ir tras ella (Romanos 14:19; 2 Timoteo 2:22; Hebreos 12:14 y 1 Pedro 3:11).
La venganza no es el mejor camino ante una ofensa o menosprecio u otra razón. “No os venguéis vosotros mismos, amados míos” (v.19 a). “Vengar”, significa buscar justicia por sus propios medios. Como cristianos no podemos vengarnos, Pablo dice que no busquemos venganza, ¿la razón? es simple, podemos confiar que Dios actuará de manera correcta. Si una persona merece un castigo, Dios se ocupará de ella, sea ahora, o más adelante, o en el día del juicio. Es mejor dejar el asunto en las manos de Dios, pues por un lado él es un juez perfecto, no se equivoca y por otro lado Dios puede asegurarse de que haya justicia sin ponernos en peligro físico o legal al buscar venganza. Cuando dice mía es la venganza cita Pablo Deuteronomio 32:35.
Por lo tanto, dejando todo animo vengativo y atendamos a la necesidad de nuestros “enemigos”, cuando estos recurran a nosotros “Si tu enemigo tuviere hambre, dale de comer y si tuviere sed dale de beber” (Proverbios 25:21–22). El mandamiento de amar a todos, aun a nuestros enemigos, era ya un precepto del Antiguo Testamento, aunque nuestro Salvador le dio más fuerza al amarnos y morir por nosotros cuando aún éramos enemigos suyos (ver Romanos 5:6-10). Si devolvemos a nuestros enemigos bien por mal, los ablandaremos y los refinaremos como se refina en el crisol a los metales. Más aun “ascuas de fuego amontonarás sobre su cabeza”. Una acción amistosa de esta clase, tan inesperada y tan inmerecida, le producirá un efecto (sanamente) doloroso y le causara remordimiento por su enemistad (se ruborizara y le hará reaccionar positivamente). Ese es el mejor medio de convertir en amigos a los enemigos.
CONCLUSIÓN: 
En toda discordia o contienda, son vencidos los que van tras la venganza, y son vencedores los que están dispuestos a perdonar, por eso el consejo de Pablo es: “No seas vencido de lo malo, sino vence con el bien el mal”, y en el mismo tenor nos habla el apóstol Pedro “no devolviendo mal por mal, ni maldición por maldición, sino por el contrario, bendiciendo, sabiendo que fuisteis llamado para que heredaseis bendición” (1 Pedro 3:9).