lunes, 11 de junio de 2018

El creyente y las autoridades de este mundo

Lección: Romanos 13:1-7
Texto: 1 Pedro 2:13-14
Domingo 10 de junio 2018
INTRODUCCIÓN:
Una de las maneras que Dios tiene para ejecutar su ira, juicio y venganza sobre los malhechores, es por medio del gobierno humano (así tenemos la conexión entre la última parte del capítulo 12 y la primera del capítulo 13). Dios delego autoridad al gobierno humano después del Diluvio del Génesis. Esto se ve especialmente en que Dios otorgó al hombre el derecho de castigar a los malvados sobre todo a los asesinos (Génesis 9:6). Esta misma verdad comienza a ser presentada en este capítulo 13.
DESARROLLO: 
Comienza este capítulo con un llamado a respetar a todas las autoridades, “Sométase toda persona a las autoridades superiores” (v.1a). “Sométase”, esta palabra griega se empleaba con frecuencia para aludir a la obediencia absoluta de un soldado a sus superiores, es estar bajo jerarquía, estar en sujeción, ser obediente (ver Tito 3:1). “Autoridades superiores”. Las aquí mencionadas son sin duda alguna, los que gobiernan en cada Estado, civiles, judiciales y militares (desde el rey o presidente hasta el alcalde del lugar) hay que obedecerles en todo lo que no se oponga a la ley de Dios, pues, él es la máxima autoridad, él está por sobre todo gobernante. El Señor Jesús lo dijo claramente en Juan 19:11 “Respondió, Jesús: “Ninguna autoridad tendrías contra mí, sino te fuese dado de arriba…” (Ver también Daniel 4:17, 25, 32; 2 Crónicas 20:6; Salmo 75:7): Por lo tanto, “las que hay por Dios han sido establecidas”, es decir, ordenadas, designadas. Su propósito al instituir el gobierno humano fue recompensar el bien y restringir el pecado en un mundo malo y caído. No debemos resistir a lo ordenado por Dios, para no “acarrear condenación” (v.2), en este caso juicio o castigo del gobierno por trasgredir la ley.
“Porque los magistrados (gobernantes) no están para infundir temor al que hace el bien, sino al malo” (v.3). Como regla general, los que hacen lo bueno no tienen por qué temer a las autoridades. Es solo aquellos que quebrantan la ley que han de temer al castigo. De modo que si uno quiere gozar de una vida libre de multas, penalizaciones, juicios y cárcel, lo que ha de hacer es ser respetuosos con las leyes. Entonces, ganará la aprobación de las autoridades, no su censura. (1 Pedro 2:13-14).
Pablo, añade que el gobernante “es servidor de Dios para tu bien” (v.4a), puede no conocer a Dios personalmente, pero sigue siendo oficialmente el hombre del Señor. Así David se refirió una y otra vez al malvado rey Saúl como el ungido del Señor (1 Samuel 24:6, 10; 26:9, 11, 16, 23). A pesar de los repetidos atentados de Saúl contra la vida de David, el último no quería dejar que sus hombres dañasen al rey. ¿Por qué no? Porque Saúl era el rey, y como tal era el hombre designado por Dios. Como siervos de Dios se espera de los gobernantes que impulsen el bien del pueblo. Su seguridad, tranquilidad y bienestar general. Si alguien insiste en quebrantar la ley, puede esperar pagar por ello, porque el gobierno tiene la autoridad para llevarlo a juicio y castigarlo. “No en vano lleva la espada” (v.4b), esto simboliza el derecho del gobierno para infligir el castigo sobre los malhechores, y de forma específica la pena capital (Génesis 9:6; compárese con Mateo 26:52; Hechos 25:11). “Para castigar” (v.4c), no se trata aquí dela ira de Dios, sino del castigo infligido por las autoridades civiles.
“Por lo cual es necesario estar sujetos, no solamente por razón del castigo sino también por causa de la conciencia” (v.5). Esto significa que debiéramos ser súbditos obedientes al gobierno por dos razones: el temor a Dios y el deseo de mantener una buena conciencia. Al quebrantar alguna ley, somos sancionados o castigados (“vengador para castigar al malo” v.4), al infractor. Si las autoridades eliminan el castigo, también eliminan el temor y no hay freno para el delito (Lamentablemente hoy hay muchos prevaricadores). Un cristiano debe tener su conciencia limpia… con mayor razón debemos cumplir nuestras obligaciones frente a un estado de derecho. Sin embargo, la Biblia enseña que no siempre debemos someternos; veamos dos casos: Uno, en Daniel capítulo 6, cuando se le dijo que no “orara” a su Dios. Dos, los primeros cristianos que se les pide que no prediquen… en esos casos las autoridades se introducen en el “campo de Dios”. Cuando hay conflictos es mejor seguir la enseñanza de Dios, que dice en Hechos 5:29 “Es necesario obedecer a Dios antes que a los hombres”... Otros dos casos de desobediencia a la autoridad: Las parteras hebreas (Éxodo 1:15-17). Los magos que no siguieron las sugerencias de Herodes (Mateo 2:8, 12, 16).
Como resultado de la necesidad de tener gobernantes, leyes y gobiernos organizados, existe también la necesidad de los tributos e impuestos que cada ciudadano debe pagar; por esto enseñó Cristo a “Dad pues a Cesar lo que es de Cesar, y a Dios lo que es de Dios (Mateo 22:21). También, Dios exige que mostremos respeto sincero y mantengamos una actitud genuina de alta estima hacia todos los funcionarios públicos (v. 6-7).
CONCLUSIÓN: 

Los creyentes somos ciudadanos del cielo (Filipenses 3:20), esto no nos exime de responsabilidades ante el gobierno humano. Hemos de someternos, pagar tributos sobre ingresos, propiedades inmobiliarias cuando la situación lo amerite. También pagar impuestos, respetar a los encargados de aplicar las leyes, y hemos de dar honor a los nombres y cargos de todos los que están puestos en autoridad. Esta escrito “Por causa del Señor someteos a toda institución humana, ya sea al rey, como a superior ya a los gobernantes, como por el enviados para castigo de los malhechores y alabanza de los que hacen bien (1 Pedro 2:13-14).

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