jueves, 23 de agosto de 2018

Título: Cristo poder y sabiduría de Dios

Lección: 1 Corintios 1:18-24
Texto: 1 Corintios 2:4-5
Domingo 26 de agosto 2018
INTRODUCCIÓN: 
Recordemos que Pablo escribe esta carta para responder a un informe de la gente de Cloe, sobre los problemas existentes en la iglesia de Corinto (1:11). En esta carta, Pablo se dirige a esos problemas por medio de enseñanzas apostólicas. El primer problema que ya vimos se trataba de divisiones en la iglesia (1:10-17) del que hablará en más detalles en el capítulo 3. Ahora vuelve su atención a la cruz de Cristo, con la cruz surgen preguntas, para ambos, judíos y gentiles. Corinto es una ciudad griega, pero, tiene una población bastante grande de judíos y mientras estuvo allí, trabajó con griegos y judíos, representados en la iglesia corintia. La cruz de Cristo parecía una “locura” o insensatez para aquellos judíos que esperaban un Mesías fuerte y poderoso. Y para los griegos que ponían mucho énfasis en la sabiduría humana, también lo era, para los unos reflejaba debilidad, a los otros un sinsentido. En los siguientes versos Pablo comienza a responder a estas dos maneras de ver la cruz de Cristo.
DESARROLLO: 
Dice el versículo 18: “Porque la palabra de la cruz es locura a los que se pierden; pero a los que se salvan, esto es, a nosotros, es poder de Dios”. La cruz separa a los salvos de los incrédulos, pero no separa a los que son salvos entre sí, ya que debe ser causa de unidad. La cruz de Cristo era un tropezadero, un escándalo (Gálatas 5:11) para los judíos. Recordemos que pedían constantemente señales (v.22, comparar con Mateo 12:38, Marcos 8:11, Juan 6:30) del cielo, además un Mesías crucificado colgado de un madero (Gálatas 3:13) era para ellos una ofensa imperdonable, esperaban a un Mesías glorioso, triunfante de sus enemigos (en el siglo XI de nuestra era, los más influyentes rabinos llegaron a excluir de sus lecturas en las sinagogas el capítulo 53 de Isaías, así saltaban del 52:12 al 54:1, de forma que nadie pudiese oír los sufrimientos del siervo de Jehová).
Para los gentiles (griegos y romanos) la cruz era una insensatez, por ejemplo: Los dioses del Olimpo no descendían a este mundo a sufrir, sino a gozar en abundancia de los placeres. ¿Cómo podían comprender el abnegado amor de un Dios que llega hasta el sacrificio de su Hijo para salvar a los hombres perdidos? ¿Eran esas las marcas de un Dios sabio y poderoso? No era esa la sabiduría, la filosofía de los griegos (v.22b). ¿Cómo buscar la salvación en uno que no había podido salvarse así mismo? ¡Qué necedad! ¡Qué locura!
“Pero para los que se salvan, los elegidos de los cuatro puntos cardinales, de todas las razas, clases sociales y lenguas, el mensaje de la cruz; es poder de Dios por el cual ha cambiado las vidas. Por el poder de Dios el pecador es constituido justo y el Santísimo Hijo de Dios es condenado en su lugar, ¿a quién se le hubiese ocurrido tal cosa? (ver 2:9)
En el verso 19 encontramos una cita de Isaías 29:14 “Destruiré la sabiduría de los sabios y desechare el entendimiento de los entendidos” pasaje que haya cumplimiento en la predicación del evangelio donde Pablo, por inspiración divina, da la interpretación mostrando que el mensaje de Dios destruye todo argumento y sabiduría humana, y frustra la inteligencia de los que el mundo llama “iluminados” o “entendidos”. Podemos conocer la Escritura, pero sin revelación por el poder de Dios no es nada, solo es un libro más que contiene maravillosas historias, pero no transformará a menos que Dios de la gracia de entenderlo. De allí la pregunta de Pablo ¿Dónde está el sabio? ¿Dónde está el escriba (El erudito)? ¿Dónde está el disputador de este siglo (el filósofo de esta época)? (v.20). Los sabios de este mundo han sido llamados a develar los secretos de este libro (Los Escritos Sagrados), pero, ninguno de ellos ha logrado descifrarlo; sus misterios solo están disponibles para los que por su gracia han sido llamados. Dios no apeló a la sabiduría de los hombres para llamarlos, pues aquellos que se dicen o se llaman sabios solo están cegados por su orgullo, con el cual es imposible conocerle.
Dios, en su sabiduría estableció que los hombres no pudieran venir a él mediante la sabiduría humana, pues eso exaltaría al hombre, por eso decidió salvar a los indefensos pecadores que no podían salvarse asimismo por medio de “la locura de la predicación” (v.21). Un mensaje tan simple que los sabios de este mundo lo descartaron como algo absurdo (comparar con Romanos 1:18-23).
Era característico de “judíos pedir señales” (v.22a) (Mateo 12:38). Su actitud era que creerían si se les mostraba un milagro. En cambio, los “griegos buscaban sabiduría” (v.22b). Se sentían interesados en los razonamientos humanos, en los argumentos y en la lógica. Pero Pablo no daba satisfacción a estos deseos sino decía “nosotros predicamos a Cristo crucificado” (v.23a), como alguien ha dicho: No era un judío amante de las señales ni un griego amante de la sabiduría, sino un cristiano amante del Salvador. Para los judíos Cristo crucificado era un “tropezadero”, como ya hemos dicho esperaban a un caudillo político militar que los librase de la opresión romana. En lugar de ello el evangelio les ofreció un Salvador clavado a una cruz. Para los griegos Cristo crucificado era locura. No podían comprender como alguien que había muerto en tal aparente debilidad podría jamás resolver sus problemas. Sin embargo el Cristo crucificado es el único que tiene poder para salvar a todos los que creen.
CONCLUSIÓN: 

El hombre por su propia sabiduría no puede llegar al conocimiento de Dios. Durante muchos siglos Dios le dio a los seres humanos la oportunidad para ello (Romanos 1:20-23), pero todo terminó en fracaso, por ello es que El Altísimo dejo de lado “el entendimiento de los entendidos”, y a pesar de todas las profecías tocante al Mesías que se cumplieron en Jesús, y las señales que este hacia como Ungido no fueron suficientes para los judíos, agradó a Dios salvar a los que creen por la predicación del Evangelio.

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