lunes, 16 de marzo de 2020

Los corintios deben examinarse

Lección: 2° Corintios 13:5-14
Texto: 1° Tesalonicenses 2:4
Domingo 22 de Marzo

Introducción: Que fácil es apuntar con el dedo acusador a otro, y peor aún de manera irresponsable e injusta. “Miran la paja en el ojo ajeno y no ven la viga que hay en sus propios ojos”. Es lo que los Corintios estaban haciendo con Pablo, criticándole por todo y ellos estaban envueltos en graves pecados y no se daban por aludido. Veamos como Pablo trata esta situación.

Desarrollo: V.5) “Examinaos a vosotros mismos si estáis en la fe…”. Pablo aquí les dice abiertamente: “que soy vosotros los que tenéis que examinar, no yo”.
Los difamadores de Pablo, le habían sometido a una especie de “examen”, y demandado que diese una prueba de su autoridad espiritual. Ellos eran los que debían de examinar su conducta y su trato con el apóstol, ellos eran los que habían puesto oído a los difamadores de Pablo, y les habían creído.
Pablo, les devuelve aquí la pelota. Si ellos estaban firmes en su estado de cristianos, en su unión con Cristo por medio de la fe, ese examen de conciencia al que Pablo le invita, mostrará si han aprobado el examen o no; y también les mostrara que Pablo no ha sido reprobado en dicho examen. Este examen es en base a sus conciencias, y bajo la luz del Espíritu Santo y la palabra de Dios.
“A menos que estéis reprobados”, es decir, que fracasen en pasar el examen y se hallase que no eran miembros de la familia de la fe. El examinarnos a nosotros mismos, implica el someternos a la examinación y al escrutinio del Señor y de su palabra, y el pedirle que él nos revele aquello que contrista al Espíritu Santo; el pedirle que nos de gracia para que pueda ser quitado de nuestro corazón.
V.6) La autenticidad de la fe de ellos también demostraba la autenticidad del ministerio de Pablo entre ellos. Si los corintios reconocían que la fe, la gracia y la salvación que ellos disfrutaban, eran bendiciones venidas de Dios, tenían al mismo tiempo, que reconocer que todo ello lo recibieron por medio del ministerio de Pablo, y eso bastaba, para que ellos reconocieran que el ministerio apostólico de Pablo provenía del mismo Dios.
V.7-8) A pesar de todo, el apóstol oraba por los corintios, para que el Señor los guardara de hacer cosas malas, que les acarrearían solo dolor, y esto lo hacía con sinceridad, para el crecimiento espiritual de ellos, y no como para aparecer aprobados. Pablo, aún como un apóstol, no podía hacer nada contra la verdad. Sólo podía trabajar efectivamente por la verdad, no en contra de la verdad.
V.9) “Por lo cual nos gozamos de que seamos nosotros débiles, y que vosotros estéis fuertes…”. Si la debilidad de Pablo podía contribuir para la fuerza de los corintios cristianos, él estaría gozoso. Su verdadera preocupación era, que los corintios pudieran ser perfeccionados. Que la salud espiritual de ellos quede totalmente restaurada.
V.10) Pablo, les escribe esta carta antes de ir él a ellos, con la esperanza de que esta carta produjera en ellos un arrepentimiento sincero, un cambio de actitud para con él, para que así cuando él fuera a ellos, no tuviera que usar su autoridad apostólica con severidad, pues la mala conducta de ellos así ameritaba que Pablo actuase, pero el apóstol quería usar esa autoridad para la edificación espiritual de los corintios, y no usar esa autoridad para la destrucción de ellos.
V.11-14) El apóstol termina esta carta, con exhortación, con un saludo general y una bendición: “tened gozo”, en lugar de las contiendas internas de la iglesia, “perfeccionaos”, es decir, crecer en madurez espiritual, en el conocimiento de Cristo, “consolaos”, es decir, animaos unos a otros, darse ánimo; “sed de un mismo sentir”, es decir, que no haya entre ellos diversos sentimientos y ánimos, “y vivid en paz “es decir, sin pleitos y murmuraciones entre ellos, viviendo de esta manera, obedeciendo a lo que el apóstol les acaba de exhortar, la consecuencia será que “el Dios paz y de amor estará con ellos”. Luego, les entrega esta hermosa bendición apostólica que está en el versículo 14, donde hace alusión a la santa trinidad.
Conclusión: Sea la experiencia del apóstol Pablo, una enseñanza de Dios para nosotros, en el sentido de que no siempre será reconocida nuestra labor espiritual. No todos reconocerán nuestro ministerio como dado por Dios, pero, esto no nos debe de desalentar, ni dejar de cumplir con nuestro deber para con nuestros hermanos ni para con Dios.

lunes, 9 de marzo de 2020

La autoridad de Pablo

Lección: 2° Corintios 13:1-4
Texto: 1° Timoteo 5:19-20
Domingo: 15 de Marzo


Introducción: La disciplina ejercida con sabiduría y seriedad en todos los estamentos de la sociedad, siempre ha dado frutos para una buena convivencia, cuando la autoridad quien quiera que sea esta, no gobierna con disciplina, y no aplica disciplina, más temprano que tarde, esa sociedad se desmoronará. L a iglesia, no está exenta de la disciplina del Señor, y es lo que el apóstol Pablo va a aplicar, cuando llegue a Corintio.

Desarrollo:  V.1) En este versículo, el apóstol les señala que en esta tercera visita a ellos, él va a proceder con severidad contra los pecadores obstinados, como está establecido en la ley (Deuteronomio 19:15), todo asunto se ventilará delante de dos o tres testigos, en otras palabras, él va a entablar un proceso cuando él llegase, en el cual se aplicarían las disciplinas del caso. V.2) “…no seré indulgente”, es decir, no andaré con miramientos, no seré condescendiente con los que han pecado. Así el apóstol les advierte como llegará a ellos, haciendo uso de su autoridad apostólica. Los que estamos puestos en autoridad, no nos debe temblar la mano a la hora de aplicar disciplina en la iglesia, porque estamos puesto para velar por la sanidad y pureza de nuestra iglesia, como Pablo también le dice a Timoteo “Que predique la palabra; que instes a tiempo y fuera de tiempo; redarguye, reprende, exhorta con toda paciencia y doctrina” (2 Timoteo 4:2). V.3) Pues los corintios “buscaban una prueba de que hablaba Cristo por medio de él”. Hasta dónde puede llegar la insolencia de ciertos cristianos, desconociendo la autoridad y la unción de sus pastores y desafiándoles a demostrar que son realmente siervos de Dios. Esto ocurre, como ocurrió con algunos corintios, cuando prestan oídos a los falsos maestros, hombres llenos de envida y sin ningún temor de Dios. Los apóstoles, fueron hombres por los cuales hablaba Cristo, a quienes les revelaba los misterios que habían estado ocultos en Dios (Efesios 3:5).
“El cual (Cristo) no es débil para con vosotros, sino que es poderoso en vosotros”. Cristo, en efecto, no es débil, sino fuerte, en el modo de actuar entre los corintios, ese poder de Cristo debe interpretarse en dos sentidos: tanto para salvar como para castigar. Cristo es la cabeza de la iglesia y actúa con poder dentro de ella, tanto para bendecirla como para disciplinarla.
V.4) “Porque aunque fue crucificado en debilidad…”, es decir, por la condición débil de su naturaleza. Cristo en su crucifixión, apareció como sólo un hombre débil e indefenso, que no opuso resistencia a sus malhechores, que “enmudeció y no abrió su boca”, aun cuando Él era Dios.
“Vive por el poder de Dios”, pero su resurrección y la vida demostraron su poder divino, demostraron que él era lo que decía ser: el Hijo de Dios, que equivale a decir que él es Dios.
“Pues también nosotros somos débiles en él…” Pablo les dice que de manera semejante, compartían ellos por medio de la unión con Cristo, la condición débil que hubo en Cristo, el apóstol compartía en su carne la debilidad corporal que en cristo. “Pero viviremos con él por el poder de Dios…”. Pablo, al mismo tiempo disfrutaba del poder de Dios, en su unión con él. Pablo dijo que cuando era débil entonces era poderoso. Él vive la vida del crucificado, pero también del Cristo resucitado. Este poder de Dios el cual experimentaba, era “para con vosotros”, es decir, para servicio de los Corintios. Todos los dones que Dios concede a sus siervos deben ser usados para servicio del pueblo de Dios.

Conclusión: La disciplina, siempre ha estado dentro de los métodos con que Dios ha tratado a su pueblo, tanto en el pasado como también lo hace hoy con su iglesia. El escritor de la carta a los Hebreos dice: “Hijo mío, no menosprecies la disciplina del Señor, ni desmayes cuando eres reprendido por él porque el Señor al que ama disciplina, y azota a todo el que recibe por hijo” (Heb.12:5-11). La disciplina que viene de parte del Señor “da fruto apacible de justicia a los que en ella han sido ejercitados”

lunes, 2 de marzo de 2020

La generosidad de Pablo

Lección: 2° Corintios 12:12-21
Texto: 1° Tesalonicenses 2:9
Domingo 08 de Marzo

Introducción: Hay una palabra que se ha abandonado en este tiempo, y es la “austeridad”, que significa sencillez y moderación, como también, rigurosidad en el cumplimiento de las normas morales. Por causa de esta falta de austeridad, las instituciones de toda índole en nuestro país han quedado desprestigiadas ante la opinión pública, y la gente ha perdido la confianza en ellas. También, algunos líderes cristianos, han abandonado el vivir austeramente, y han provocado desprestigio y vergüenza a cristianos sencillos y fieles.
En esta porción vemos al apóstol Pablo dándonos cátedra de cómo debe ser un servidor de Cristo, y nosotros debemos aprender de él.

Desarrollo:  V.12) “Con todo, las señales de apóstol han sido hechas entre vosotros…”. El apóstol, señala que “con todo”, es decir, a pesar de todas sus luchas y debilidades, cuando estuvo con ellos, “señales de apóstol” fueron hechas, y esas señales, que sólo los verdaderos apóstoles de Cristo, como Pablo, pueden llevar a cabo, porque es el respaldo del Espíritu Santo, para autenticar el mensaje que proclamaban. Esas señales eran: prodigios, milagros, potencia de señales, predicación con demostración del Espíritu y de poder, establecer iglesias. (Hechos 14:3, Romanos 15:18-19; 2 Corintios 12:12, etc.) Estas señales acompañaban solo a los apóstoles de Cristo y no a los falsos apóstoles, que merodeaban y se introducían a las iglesias trayendo sobre ellas confusión contra la doctrina del Evangelio.
V.13) “Porque ¿en que habéis sido menos que las otras iglesias…?. En otras palabras, Pablo les dice: “Pues ¿en qué fuisteis tratados como inferiores a las demás iglesias?. Pablo, no los trató ni los vio como inferiores a las demás iglesias, todo lo contrario, el apóstol los amaba con un inmenso amor (2 Corintios 2:4). Sólo  que Pablo no permitió que la iglesia que estaba dividida, le ayudase económicamente, en otras palabras, Pablo les dice que en una sola cosa habían sido inferiores, “…en que yo mismo no os he sido carga”, ¿Pensáis que os he considerado menos que las otra iglesias porque no he aceptado dinero de vosotros?. Como esta frase parece ser muy ofensiva o un insulto, aunque ellos le obligaban a expresarse de esa manera, se apresura a pedirles perdón diciéndoles, “perdonadme esta injuria”.
V.14) Aquí Pablo les comunica a los corintios que está preparado para ir por tercera vez a ellos, y también con que actitud o proceder llegará a ellos, les dice: “y no os seré gravoso”, es decir, no os seré una carga o un mendigo, la razón es: “porque no busco lo vuestro…”, es decir, vuestro sustento, vuestro dinero, vuestras posesiones, “sino a vosotros”, es decir, vuestras almas, vuestro bien espiritual, porque los padres (Pablo era el padre espiritual de los corintios) son los que deben atesorar para los hijos.
V.15) Ahora vienen unas sublimes palabras del apóstol: “Y yo con el mayor placer gastaré lo mío, y aún yo mismo me gastaré del todo por amor de vuestras almas…” Como un buen padre, él estaba dispuesto a gastar lo necesario, a echar mano de sus propios recursos para llevar a cabo su ministerio, él no dependía de la caridad de los hermanos, sino, en que Dios es el que provee. No era un mercenario del Evangelio, no comercializaba con la Palabra de Dios, y eso no era todo, dice “y aún yo mismo me gastaré del todo…”. Estaba dispuesto a desgastarse a sí mismo, su salud, sus fuerzas, etc. Con tal de procurar a los fieles de Corinto, todo lo necesario por el provecho espiritual de ellos “por amor de vuestras almas”, por vuestro bien espiritual, corriendo quizás el riesgo de que “amándoos más, sea amado menos”, pero el amor de Pablo hacia ellos era más fuerte, y lo llevaba a cumplir su ministerio, aunque no le reportara reconocimientos.
V.16-18) Pablo, sale aquí al paso de aquellos adversarios que lo acusaban de andar tras el dinero, que andaba con intenciones ocultas, que en verdad, decían ellos, que cuando estuvo en Corinto no se llevó dinero, pero ¿qué pasó con aquella colecta para los santos?, ¿a qué bolsillo iría a parar?. De esto se defiende Pablo, y dice que él no se ha aprovechado de ellos ni tampoco por medio de los hermanos que él les había enviado como por ejemplo Tito.
Todos ellos, habían procedido con el mismo espíritu de sincera y buena voluntad, y habían dado los mismos pasos en el modo de llevar a cabo lo que, con aquel buen espíritu, se habían propuesto hacer.
V.19) ¿Pensáis aún que nos disculpamos con vosotros? En este versículo, el apóstol les dice que lo que le impulsa a escribirles así, no es otro motivo que, el afán de que sus hijos espirituales sean, en todo y por todo, convenientemente edificados. Pablo solo tenía en su mira el bienestar espiritual de los Corintios y si para ese fin es necesario decirles todo lo que el apóstol les dijo, bienvenido sea.
V.20) Pablo aquí da a conocer dos temores que le asaltaban: a) que ni él halle a los Corintios como desearía hallarles: libres de todos esos grandes defectos que enumera en el versículo 20, es decir, contiendas, envidias, iras, divisiones, maledicencia, murmuraciones, soberbias, desórdenes; b) y que los  corintios no lo hallen a él como lo desearían: amable, benigno, sin el rigor que va a necesitar.
V.21) “que cuando vuelva, me humille Dios entre vosotros…”. Le apenaba la fundada sospecha de que, muchos de ellos continuasen practicando los mismos vicios, que habían acostumbrado a practicar cuando vivían en el paganismo, y no se hubiesen arrepentido como es necesario. Esto sería para él un motivo de gran humillación y lamentación delante de Dios, al ver que aquellos hijos espirituales no eran lo que debían ser y tener que aplicar con ellos las medidas rigurosas que tanto le dolían a él mismo.

Conclusión: Los ministros y los creyentes cristianos, debemos cumplir nuestras labores espirituales por amor a Cristo y a su obra, no esperando reconocimientos de ninguna especie. Recordando que “aunque todo lo hubiéramos hecho, siervos inútiles somos”. Nuestra recompensa viene del Señor y no de los hombres. Jesús nos dice: “He aquí yo vengo pronto, y mi galardón conmigo, para recompensar a cada uno según sea su obra” (Apocalipsis 22:12).

Pablo se gloría en las revelaciones de Dios

Lección: 2° Corintios 12:1-11
Texto: Jeremías 9:23-24
Domingo 01 de Marzo

Introducción: No hay duda alguna que en nosotros no hay nada de que gloriarnos, ¿qué somos? Si no, vasos de barro en los cuales Dios ha depositado su gracia y verdad. Necio es el hombre que se alaba a sí mismo, que no reconoce la Soberanía de Dios y que de Él proceden todas las cosas como es la sabiduría y la revelación, y esto es lo que a continuación Pablo les escribe a los corintios que eran muy dados a la exaltación del hombre. Veamos entonces.

Desarrollo:  V.1) “Ciertamente no me conviene gloriarme”. El apóstol, en la sección anterior, había dado a conocer a los corintios, los sufrimientos que él había padecido por Cristo y por su iglesia, y que los hermanos de corintios no le habían reconocido, y sin embargo, toleraban y aceptaban a los necios y vanagloriosos, que se encontraban en medio de ellos. Así sucede regularmente, que no se sabe reconocer a los siervos de Dios que han padecido por Cristo y su iglesia, y que lloran y gimen por su pueblo ante Dios; no cumpliendo aquellos hermanos el mandamiento del Señor que nos dice: “os rogamos, hermanos que reconozcáis a los que trabajan entre vosotros, y os presiden en el Señor y os amonestan” (1 Tesalonicenses 5:12; 1 Timoteo 5:17). Sin embargo, Pablo señala a los corintios que no le era conveniente gloriarse, es decir, no le era de provecho alguno, y tampoco lo es para nosotros.
Pablo, acude mejor a lo que Cristo ha hecho en él, como por ejemplo, las visiones y las revelaciones que recibió, y por lo tanto, la gloria y la alabanza es para Dios, porque lo que Pablo conocía con respecto a la gracia de Dios y del evangelio se lo enseñó Cristo como lo reconoce en Gálatas 1:11-12.
V.2) Pablo, al decir “conozco a un hombre en Cristo…”, se está refiriendo a sí mismo, que hacía catorce años antes de escribirles a los corintios (año 43 d.C. antes del primer viaje misionero de Pablo), que fue “arrebatado” hasta el tercer cielo, y lo que no tiene claro es cómo fue que eso ocurrió, si fue arrebatado corporalmente, o sólo en espíritu.
V.3-4) “Que fue arrebatado al paraíso…” o tercer cielo como lo señaló en el versículo anterior, donde se encuentra el árbol de la vida (Apocalipsis 2:7). El apóstol habla aquí de una experiencia personal y real llevada a cabo por el Espíritu Santo. El Paraíso (jardín), se refiere al estado de bendición entre la muerte y la resurrección. Pablo dice que allí oyó “palabras inefables que no le es dado al hombre expresar”, es decir, que oyó revelaciones de las que no podía hablar.
V.5) “De tal hombre me gloriaré…”, es decir, de ese hombre que depende de la gracia de Dios para conocer algo, de ese hombre que separado de Cristo nada puede hacer, “pero de mí mismo en nada me gloriaré, si no, en mis debilidades” porque en mí nada bueno hay, soy incapaz e inútil.
V.6) Ahora si Pablo quisiera gloriarse, “no sería insensato, porque diría la verdad”. Todos sus padecimientos, trabajos, luchas y todo lo que hizo por la obra de Dios era enteramente verídico, y Dios era testigo de todo aquello. Él señaló que había trabajado más que todos los demás, pero a continuación dice: “pero no yo, sino la gracia de Dios conmigo” (1 Corintios 15:10)
V.6) “… para que nadie piense de mí más de lo que en mí ve, u oye de mí”. Pablo, deseaba ser juzgado solamente en base a la evidencia ante los ojos de ellos, él no tenía un doble estándar en su vivir, no existía en él la hipocresía, era de un solo actuar, tanto delante de los hombres, como delante de Dios.
V.7) No voy a entrar aquí a especular respecto de cuál era el aguijón que afligía a Pablo en su carne, pero él lo considera como obra de satanás, permitida por Dios para un buen objetivo y este era “para que la grandeza de las revelaciones no me exaltase desmedidamente”. Muchas veces, Dios permite ciertas aflicciones a sus siervos justamente con este fin, para que no nos exaltemos. Esa aflicción, es el “cable a tierra”, para darnos cuenta que solo somos hombres imperfectos, y que toda la gloria es al Señor.
V.8-9) Era tal su aflicción que “tres veces rogó al Señor que lo quitara de él”, sin duda, que este aguijón causaba en él una gran molestia física que lo hizo ir al Señor en oración y le pidió que lo quitara de él, sin entender todavía lo que nos dijo en el versículo anterior, que era para que “no me exaltase sobremanera”. Oremos al Señor para que nos conceda sabiduría espiritual y podamos comprender la razón que tiene el Señor para permitir esa aflicción en nosotros cualquiera que esta sea.
La respuesta que recibió del Señor fue: “Bástate mi gracia; porque mi poder se perfecciona en la debilidad”. No siempre recibiremos como respuesta de Dios aquello que estamos pidiendo, sólo él sabe lo que es mejor para nosotros y que es lo que nos conviene verdaderamente.
“Bástate mi gracia”. Es un gran consuelo saber que la gracia poderosa del Señor puede contrarrestar todas nuestras aflicciones físicas, darnos fuerzas en nuestro cansancio, animarnos en nuestros desalientos, darnos consuelo en nuestras penas, y darnos poder en nuestras debilidades y en el cumplimiento de nuestros ministerios. ¡Bendita sea la gracia de Dios!
Pablo,  comprendió el mensaje del Señor al señalar: “Por tanto, de buena gana me gloriaré más bien en mis debilidades, para que repose sobre mí el poder de Cristo”. El poder de Cristo en él era más importante que la liberación de la enfermedad que le aquejaba.
V.10) “Por lo cual, por amor a Cristo me gozo en las debilidades, en afrentas… porque cuando soy débil, entonces soy fuerte”. Cuando él está más incapacitado, entonces, es cuando es más fuerte, porque interviene la presencia del Espíritu de Cristo, que es poder y fuerza.
V.11) “Me he hecho un necio al gloriarme…”. El apóstol, es consciente de que ha cometido una necedad al gloriarse, pero tiene una excusa: ellos (los corintios), le han obligado a expresarse de esa manera. Los corintios tenían muy buenas razones para hablar bien de él, pero no lo habían hecho. Es un deber que tenemos para con los buenos siervos de Dios, y cristianos en general, el salir en defensa de su reputación. Reconocer a aquellos que velan por nuestras almas, aunque no siempre es así, como dijo Pablo a los corintios “que amándoos más, sea amado menos”. Pero hay un Dios justo que ve nuestra labor y trabajo, y él sí nos reconoce, y además, promete recompensa tanto en esta vida como en la venidera.
Pablo, no había sido menos “que aquellos grandes apóstoles”, Pedro, Juan, Santiago, claro que no, si él dijo que había “trabajado más que todos ellos”, “aunque nada soy”, para que Cristo nos use y él brille en nosotros, tenemos que considerarnos “que nada somos”, sólo Cristo es, solo a él la gloria. Amén

Conclusión: Dios, solo usa a aquellos que reconocen sus limitaciones, su pequeñez y su dependencia del Espíritu Santo. Dios usa a “los pobres en espíritu”, a los que dependen de la gracia de Dios para suplir sus deficiencias, y por sobre todo, a aquellos que estén dispuesto a dar la gloria, la honra y la alabanza a Cristo Jesús. Él dijo “separados de mí nada podéis hacer”.